“Vigilar y castigar. Nacimiento de la prisión”, Michel Foucault, publicado originalmente en 1975.

LA BENIGNIDAD DE LAS PENAS

El arte de castigar debe apoyarse, por lo tanto, en toda una tecnología de la representación. La empresa no puede lograrse más que si se inscribe en una mecánica natural.

“Semejante a la gravitación de los cuerpos, una fuerza secreta nos impulsa constantemente hacia nuestro bienestar. Este impulso no sufre otra influencia que la de los obstáculos que las leyes le oponen. Todas las acciones diversas del hombre son los efectos de esta tendencia interna.”

Encontrar para un delito el castigo que conviene es encontrar la desventaja cuya idea sea tal que vuelva definitivamente sin seducción la idea de una acción reprobable.

Arte de las energías que se combaten, arte de las imágenes que se asocian, fabricación de vínculos estables que desafían el tiempo: se trata de constituir unas parejas de representación de valores opuestos, de instaurar diferencias cuantitativas entre las fuerzas presentes, de establecer un juego de signos-obstáculo que puedan someter el movimiento de las fuerzas a una relación de poder.

“Que la idea del suplicio se halle siempre presente en el corazón del hombre débil y domine el sentimiento que le impulsa al crimen.”
Estos signos-obstáculo deben constituir el nuevo arsenal de las penas, del mismo modo que las marcas-vindicta organizaban los antiguos suplicios. Pero para funcionar deben obedecer a varias condiciones.

J. M. Servan, Discours sur l’administration de la justice criminelle, 1767, p. 35.

“Características cualitativas y cuantitativas de la delincuencia actual de menores”

 ISSN: 2340-6046 9

 ”EL CRIMINALISTA DIGITAL. PAPELES DE CRIMINOLOGÍA – 3/2014”

ISSN: 2340-6046 Director: José María Suárez López Fecha de publicación: abril, 2014

Instituto Andaluz Interuniversitario de Criminología Sección de la Universidad de Granada

 

 

 

 

 

 

 

“Características cualitativas y cuantitativas de la delincuencia actual de menores”

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Mª Victoria Eugenia Hernández González. Licenciada en Derecho. Doctoranda en Programa de Derecho Penal y Política Criminal. Universidad de Granada. Técnico Superior. Dpto. Justicia Juvenil.

 

 

 

 

1. Introducción a informes delincuenciales.

De manera sucinta y de acuerdo con la estadística comparada oficial, fundamentalmente la elaborada por los correspondientes institutos policiales, de los países de nuestra área de cultura (países occidentales más industrializados) la delincuencia juvenil “in genere” se aproxima, en cuanto al volumen de los últimos años, al 15% de la delincuencia general total1.

Si bien, las estadísticas de algunas de esas naciones, como es el caso, por ejemplo, de Francia, ofrecen cifras apreciablemente mayores: 20 ó 22%.2 Por el contrario, otros países ofrecen estadísticas muy por debajo de la media. Las más bien escasas encuestas de “victimización” y los más escasos, aún, informes de “delincuencia autorrevelada”, apuntan igualmente a la notable participación de los menores en el campo de la actividad penalmente ilícita.

 Aunque también, aquí, la cifra negra, es muy alta3. El volumen de la delincuencia juvenil, hace referencia a su cantidad, comprendiendo criterios cuantitativos (densidad y concentración demográfica…); la orientación y la intensidad delictivas expresan, por el contrario, su calidad, ya que hacen referencia a los bienes, valores o intereses agredidos por el infractor y a la gravedad de la lesión; poniendo de manifiesto cuál es el peligro de tales delitos para la convivencia de una comunidad, al mismo tiempo que advierten a ésta sobre las disfunciones de sus formas de civilización y cultura capaces de desestructurarla más allá de lo estadísticamente “normal”4.

 No podemos olvidar que ésta clase de disfunciones se convierten siempre en estímulos o incitaciones criminógenos. Sobre todo, cuando los receptores son personas en proceso elemental de crecimiento biopsicológico y maduración en las relaciones5.

La infracción cometida y el modo de cometerlo apuntan siempre a las carencias afectivas, a la ausencia de los valores personales y sociales que afectan al infractor, así como a las privaciones socioeconómicas en que se ve envuelto. En ello, no está exenta de responsabilidad la sociedad concreta donde aquél habita.6

En España, durante la última década, dejando aparte la avalancha de entrada de jóvenes extranjeros en los últimos años, la delincuencia juvenil ha transcurrido, estadísticamente, sin especiales sobresaltos graves. En comparación con otros países política y socioeconómicamente afines al nuestro, es, según las estadísticas oficiales, matizadamente menor en cuanto a su volumen se refiere.

Efectivamente, y por ejemplo, en el año 2010, el número de detenidos fue de 212.000 dentro de la delincuencia en general. Los detenidos, dentro de la delincuencia juvenil, fueron, según las estadísticas policiales 27.117, para el mismo año.

 Conforme a estas cifras, pues, los delincuentes juveniles detenidos representarían alrededor del 12% de la delincuencia total.7. Ha de advertirse que es arriesgado y asimismo inidóneo tratar de deducir “ratios” representativos de la delincuencia juvenil, partiendo de la comparación entre el número de detenidos adultos y menores; ya que es mucho más frecuente que los menores actúen en grupo.

Ello puede conllevar, y de hecho conlleva, en consecuencia, que una única lesión jurídica producida al mismo sujeto pasivo (por ejemplo, contra la vida), al tener que ser imputada como tal (delito de homicidio) a cada uno de los codelincuentes, crezca más el número de delincuentes detenidos cuanto mayor sea el grupo de los mismos. Y todo ello, sin que el bien jurídico (aquí vida humana) haya sufrido más detrimento que si hubiese sido autor (o sujeto activo) una sola persona.

Ahora bien, si se tiene en cuenta que los delincuentes adultos actúan con mucha más frecuencia solos que los delincuentes menores, tendremos que, por el mismo volumen de bienes jurídicos quebrantados, habrá más delincuentes menores detenidos que delincuentes mayores de edad.

Este dato ha de tenerse en cuenta, pues, a la hora de medir la delincuencia juvenil cuando para ello se parta de comparar su magnitud de detenidos con la de adultos. Desde este punto de vista, es claro, que no se puede afirmar con seriedad, que por ejemplo, la delincuencia juvenil representa a un 10% de la delincuencia total porque esa sea la “ratio” respecto de detenidos menores y detenidos adultos.

Como mucho, podrá hablarse, en estos casos, de proporción de delincuentes, pero no de representatividad de la delincuencia como tal, ya que, en esta, cuenta y mucho, el número de veces que son quebrantados, objetivamente, los bienes jurídicos protegidos.

1 A este respecto: “Anuarios Estadísticos” del Ministerio del Interior (de España)

2 Sobre este particular puede verse: “Aspects de la criminalité el de la délinquance en France”, de estos últimos años, en publicación de “La Documentation francaise” (Paris). Estudios de prestigio de este país, como BORRICAND, J., ponen el acento, al analizar esta delincuencia, en el relevante número de sujetos activos detenidos. Y así afirma que: “cuantitativamente, las estadísticas ponen de manifiesto un acrecimiento sensible de este fenómeno.

3 Autores como QUELOZ,N., sostienen que algunos estudios, en este sentido, llevados a cabo en América del Norte y en algunos países de Europa occidental, revelan (“encuestas de autodenuncia”) que el 80% de los jóvenes de entre 12 y 18 años, requeridos a través de aquéllas, habían cometido alguno o algunos de los delitos insinuados.

4 Como ha escrito PICCA, G.: “El principio de la normalidad estadística de la criminalidad en toda sociedad, fue planteado desde 1892 por Durkheim. Esta observación fundamental da lugar a una consecuencia: el crimen no encuentra sus fuentes en causas excepcionales sino en la cultura de la sociedad en que se observa. En consecuencia, siempre debe analizarse el fenómeno criminal en relación con una cultura determinada en el tiempo, o en el espacio.

De ahí que el objeto de una crítica prioritaria por parte del criminólogo deban ser los valores y las normas propuestos por la sociedad e impuestos por el derecho”.

5 Precisamente, por este peculiar modo de ser y estar del menor se analiza la delincuencia juvenil como una parte especial o específica de la criminalidad. Por ello, estudiosos como G. STEFANI y G. LEVASSEUR han hecho observar que han de subrayarse las grandes diferencias que existen entre la delincuencia de adultos y la juvenil porque: “tanto en lo que concierne a las formas de la delincuencia como en su significación, tanto en sus causas como en su tratamiento…, la edad constituye una característica individualidad que hace evolucionar la capacidad física y psíquica en virtud en determinado tiempo que vive”. (“Criminologie et Science Pénitentiaire”, Edit. Dalloz, París, 1985, pp. 84 y 95.

6 Sobre este aspecto, por ejemplo: SCHNEIDER, H.J.: “Causas de la delincuencia infantil y juvenil”, en Revista de Derecho Penal y Criminología, 4 (1994) pp.800 y ss.

7 La fuente de estos datos: “Anuario Estadístico del Ministerio del Interior. Secretaría General Técnica, Madrid, 2010.

2. Entornos y factores de riesgo.

Los factores que se encuentran en la base del delinquir, según sociólogos, criminólogos, psicólogos y demás cultivadores de las ciencias de la conducta, se ajustan a diversos esquemas etiológicos donde en los mismos, encajan el origen de la delincuencia en general. En la actualidad, se acude a teorías psicobiológicas, psicomorales, psicosociales o interaccionistas y teorías del conflicto.

Teorías psicobiológicas: con estas teorías, se pretende situar el origen del paso del acto criminoso en la existencia de una pluralidad heterogénea de factores, de carácter genético, psicobiólogico y psicofisiológico, que incidiendo de forma aislada, o en convergencia, en el individuo afectado, le impulsan con mayor o menor fuerza a la acción y operación antisocial.

– Teorías psicomorales: según estas teorías, la delincuencia (o el delincuente como desencadenante de la misma) sería reflejo de la confirmación, en él, activada por elementos biofisiólogicos, psicológicos, sociológicos, morales o, por lo que es más probable, por la convergencia, en distinto grado, de todos los factores de una personalidad delincuencial. Personalidad estructurada a partir de un conjunto de características fundamentales, vertebradoras de la misma, operantes en grado superior a la media, y expresivas, por su tendencia, de valores contrarios a los de la comunidad. Estas particularidades estarían representadas sustancialmente, por el egocentrismo, la agresividad (negativa) y la indiferencia afectiva.8

8 Así, las características neutralizarían los frenos inhibitorios frente a las pulsiones antisociales de la persona infractora.

De modo complementario, bastaría, para que estas radicales características de personalidad, propias del acto antisocial, se proyectaran, de forma eficientemente concreta, en el mundo real, que el afectado por ellas poseyera un mínimo de “adaptación social” (habilidad y habilitación cognoscitiva y práctica del medio) y se encontrase, al mismo tiempo, con la ocasión propicia o inmediatamente provocante. (E. de Greeff, Hesnard, Mailloux, Pinatel, Favard,Cario)

– Teorías psicosociales o interaccionistas moderadas: desde la óptica de estas teorías, la delincuencia es fruto de la interacción entre estímulos individuales, sociales y situacionales. Prevaleciendo, en todo caso, los estímulos sociales y situacionales, de carácter destructor. Se impondrían, casi siempre, a determinados individuos, venciendo su escasa resistencia interior frente a aquéllos, por carecer de recursos personales adecuados (de valores de convivencia, de respeto al prójimo, de motivación…)9

9 Desde esta óptica, la criminalidad debe entenderse, por ejemplo, como un producto del aprendizaje (“asociación diferencial”), de SUTHERLAND), como aceptación de una cultura específica, acogedora de ideales antisociales e, incluso, antiéticos (COHEN. A), como fruto de ausencia o deficiente control social (HIRSCHI .T). Se habla de teorías interaccionistas moderadas, porque existen, también, teorías de neta orientación psicosocial tendentes a explicar la criminalidad desde postulados más o menos críticos, extremistas o radicalizados, aunque con diversa intensidad de tonos.

– Teorías del conflicto: para estas teorías, la delincuencia se desencadena impulsada por las contradicciones de las modernas sociedades, cultivadoras decididas de los valores del “tener” sobre los del “ser”, abonadoras de la llamada privación relativa, caldo de cultivo de inestabilidad social y hasta de revancha colectiva.10

10 Estas sociedades son propicias para engendrar frustración, resentimiento, agresividad, pasotismo; ingredientes, todos ellos, de delincuencia (delitos de lesiones, delitos contra la propiedad, delitos contra la salud pública (tráfico ilícito de drogas)… (PARSONS, T. MERTON; MILLER; MATZ; SONGER…)

Así todas las teorías mencionadas, afirman una serie de explicaciones en torno a la comprensión de la delincuencia.

3. Áreas contextuales criminógenas.

En el entorno del menor hay determinados contextos sociales e institucionales que generan destacadas disfunciones, impulsoras de la criminalidad o infracción juveniles:

– Área de la educación escolar: en este espacio existen, lagunas que impulsan a situaciones de marginación que, por sus motivaciones y exaltaciones, engendran reacciones de despecho social, agresividad y violencia. La escuela debería ir por delante de las “desviaciones sociales”, centrando, en cada momento, el ideal educativo, elaborable desde postulados humanistas. Sin embargo, acaece, lo contrario. La escuela se limita a transmitir los mensajes de la cultura ambiente.

– Área socioeconómica y de relaciones sociales: trabajos empíricos en torno a estas vertientes ponen de manifiesto cómo las precarias condiciones económicas familiares, el contexto inadecuado, las relaciones sociales, permanentemente distorsionantes con respecto al modelo considerable como “normal”, impide la aproximación a valores de realización personal y equilibrada y, por tanto, favorecedoras de una relativa inadaptación social de convivencia.

-Área de las relaciones laborales: existen menores, adolescentes y jóvenes laboralmente explotados, que son aceptados, incluso por sus familiares más próximos, tan solo como instrumentos de ingreso económico.

-Área de la marginación étnica: la persistencia de la marginación, alejamiento y separación por pertenencia a determinados grupos raciales: se ha venido afirmando por ejemplo, en Estados Unidos que el índice delictivo de las personas de raza negra sería de dos a cinco veces más alto que el referido a la población en general, exceptuando puertorriquenses y chicanos que delinquían, aproximadamente, con la frecuencia de los primeros.

-Área en el consumo de tóxicos: el entorno consumista y habitual de sustancias estupefacientes, psicotrópicas y otras relacionados con drogas tóxicas, proporciona un problema capital a la hora de abordar la cuestión de las drogas, que no es el de su relación con la delincuencia, sino indagar por qué, a pesar de sus trágicas secuelas, tanto personales como sociales múltiples, conocemos como generaciones de todas las clases sociales, de todos los países del mundo, se entregan a su consumo.

– Área de la política criminal infantil: los distintos agentes del “sistema penal” como es obvio, no tienen ninguna misión de estimular la delincuencia. Pero no es menos cierto que, en la medida en que actúen con cualidad disfuncional, se convierten o pueden convertirse en creadores de incentivos delincuenciales. Desde esta perspectiva, cabría, advertir a funcionarios y autoridades que han de tratar con menores, sea porque éstos han sido víctimas del delito o porque han sido sujetos activos de comportamientos ilícitos, que una inadecuada relación con estos ciudadanos, en pleno y forzoso período de desarrollo personal, estaría destinada a convertirse en criminológicamente negativa.

  1. Cuestión de la imputabilidad en los menores.

Constituye un tema en el que no ha existido aún suficiente debate doctrinal. Sólo cabe esbozar las líneas generales de la cuestión y dejar para el futuro la construcción de una teoría sobre cómo puede entenderse que un menor que ha cometido un delito o falta de los tipificados como tales en el código o en las leyes penales especiales y que no es culpable conforme a esas leyes penales, sin embargo, le es exigible una responsabilidad penal conforme a lo establecido en una ley especial, para lo cual si se considera que es culpable o imputable.

La imputabilidad no es un concepto incluido o definido por el derecho positivo y hay que acudir a la doctrina para llegar a la conclusión de que se trata de uno de los elementos integrantes de la culpabilidad, que, su vez, sigue siendo considerada, todavía hoy, un pilar básico de la existencia del delito, y ello, a pesar de la historia polémica sobre su necesidad y el contenido de su formulación dentro de la Teoría General del Delito.

La moderna doctrina viene a entender por imputabilidad “la posibilidad de conocer el sentido de los mandatos y prohibiciones del derecho y de actuar conforme a esa comprensión”, QUINTERO OLIVARES11 o “conjunto de las facultades mínimas requeridas para considerar a un sujeto culpable por haber hecho algo

11 QUINTERO OLIVARES, G., Curso de Derecho Penal. Parte General. Barcelona: Cedecs, 1996. pp. 416 y 417.

típico y antijurídico”, MUÑOZ CONDE12 y de ahí que al carecer los menores de esa capacidad o de esas facultades mínimas serían inimputables y en consecuencia, puedan ser declarados exentos de responsabilidad conforme a la legislación penal de adultos, tal como hace el Art. 19 del vigente código penalista, si bien pueden ser responsables puniblemente conforme a la ley que regule tal posibilidad.

12 MUÑOZ CONDE, F. Derecho Penal. Parte General. Valencia: Tirant lo Blanch, 1996, p. 397,

13 Ibid, pp. 382 y 383.

14 MOVILLA ÁLVAREZ, C., “Jurisdicción de menores y Constitución”. En: Los problemas del menor inadaptado y marginado socialmente, pp. 149 y ss.

15 GONZÁLEZ ZORRILLA, C., “Minoría de edad penal, inimputabilidad y responsabilidad”, en Documentación Jurídica. 37/40, Madrid: Ministerio de Justicia, 1983, pp. 163 a 176.

16 GARCÍA PABLOS, A., “Presupuestos criminológicos y político criminales de un modelo de responsabilidad de jóvenes y menores”, en Menores privados de libertad. Madrid: Escuela Judicial, Consejo General del Poder Judicial, pp. 251 y ss.

17 Ibid, Capítulo 1.2. MUÑOZ CONDE,13 entiende que los menores son inimputables aunque responsables del hecho delictivo cometido de una manera distinta y esa situación se justificaría por el hecho de que tienen un tratamiento penal diferenciado de los adultos. De ahí que diga que se trata de una irresponsabilidad relativa.

Hace algunos años MOVILLA ÁLVAREZ,14 entendió que la inimputabilidad se fundaba no tanto en la falta de capacidad de entender como en la de querer, en cuanto que ésta depende de la formación del carácter y de la personalidad del menor y destacó que existía “una falta de coherencia entre los principios y los resultados, dado que la solución a que se llega no es tanto una exención de responsabilidad sino una diferenciación de las medidas aplicables”.

GONZÁLEZ ZORRILLA,15 en un sugestivo trabajo efectuado en 1983, señaló que, desaparecido el antiguo criterio del discernimiento para delimitar la imputabilidad, resultaba dudoso admitir que todos los adolescentes y jóvenes menores de dieciséis años carecían de capacidad de motivación suficiente frente a las normas. Por otro lado, entendía que justificar que los jóvenes eran inimputables y que por ello quedaban al margen del derecho penal “no ha evitado en absoluto ni el castigo –a menudo mucho más duro que el que hubieran sufrido en caso de ser considerados imputables – ni los fenómenos de estigmatización y exclusión inherentes a la función penal”.

Cabe matizar que este trabajo fue escrito cuando todavía estaba en vigor la antigua Ley de Tribunales Tutelares de Menores, con todo el sistema que estableció, aunque las conclusiones a las que llegaba siguen estando vigentes, en cuanto reclamaba la existencia en nuestro país de un derecho penal juvenil en el que se estableciese la responsabilidad de los jóvenes para poder dotarles, a través de el, de un sistema de garantías y derechos.

GARCÍA PABLOS,16 ha defendido el abandono del “paradigma de la inimputabilidad”, puesto que debe reconocerse en el menor una capacidad elemental de responsabilidad, de asumir las consecuencias de sus actos, pero con la necesidad de que el sistema a través del cual se establezca, salga del derecho penal. Además, destaca que el modelo tutelar 17 utiliza la tesis de la inimputabilidad como “evasiva” o “subterfugio” para construir, después, para los menores una “modalidad sucedánea” de la respuesta penal, ya que no renuncia a los instrumentos represivos del derecho penal de adultos, ni a sus técnicas y actitudes.

La más reciente doctrina relativa a la Ley Orgánica de Responsabilidad Penal de los Menores ha venido a considerar que lo que supone en la práctica dicha ley es la bajada de la responsabilidad penal a los catorce años y que a partir de esa edad los menores son plenamente imputables, aunque ello tenga consecuencias penales diferentes.

La cuestión no es sosegada, requiriendo un desarrollo doctrinal y jurisprudencial ya que es evidente que la ley del menor optó en su día por una política criminal no suficientemente explicada en su Exposición de Motivos, tal como hubiese sido necesario.

 

  1. Conclusiones

Con esta publicación se pretende poner a disposición de los estudiosos y operadores de la justicia penal juvenil, el desarrollo del conjunto de factores y entornos que dan paso al acto antisocial.

No parece discutible afirmar que, para actuar de forma adecuada, sobre una realidad como la delincuencia de menores, se impone conocerla con el suficiente rigor. A ser posible, científicamente desde parámetros cuantitativos y cualitativos, es decir, conocimiento etiológico de la realidad. Así, es claro por qué, en un intento de conocer la delincuencia juvenil, es necesario hablar de causas, de sus causas, de factores propios y perfiles.

En el entorno del menor determinados contextos sociales e institucionales generan notables disfunciones, impulsoras de la criminalidad juvenil, como ocurre: en el campo de la educación escolar; en el área socioeconómica y de las relaciones sociales; en la persistencia de la marginación por pertenecer a determinados grupos étnicos; en el área de las relaciones laborales; en el campo de la política criminal infantil en la que los distintos agentes del sistema penal, no tienen obviamente ninguna misión de estimular la delincuencia: pero no es menos cierto que, en la medida en que actúen de forma disfuncional, se convierten, o pueden convertirse con fundamento, en creadores de incentivos delincuenciales y en el entorno consumista de sustancias psicotrópicas relacionadas con drogas tóxicas.

Del conjunto de factores descritos, no inciden todos, ni de la misma manera, en cada uno de los agentes o sujetos activos del delito. El estudio de los diferentes elementos es imprescindible para conocer el contexto de referencia en que deben desenvolverse el análisis de las causas de infracción penal. Y es que el fenómeno de la delincuencia solo puede describirse y comprenderse desde la doble vertiente sincronizada de lo individual y social. No cabe olvidar aquí, que la sociedad es parte negativamente afectada por el delito, pero tampoco, que incide también como parte activa del mismo.

Las estadísticas deben pasar por un proceso correcto de evaluación, adoptándose para ello precauciones en la elaboración, en los criterios de los datos, para juzgar de manera equilibrada los números absolutos, para lo cual se ha de estimar de forma previa e ineludible: si todos los hechos cuantificados han de estimarse como infracciones delictivas, si están depuradas de posibles y probables denuncias falsas, control policial sobre los distintos sectores de la delincuencia, aplicabilidad de métodos operativos diversos, realización de encuestas de victimización y de autodenuncia, para aproximarse a la cifra negra, e igualmente analizar el volumen de la población de menores considerados sujetos activos de los delitos cuantificados en la estadística. Es la mejor opción para ofrecer juicios rigurosos estadísticos y detallados.

En definitiva y razonable es, que como premisa se ha de tomar conciencia permanente tanto por parte de los controles formales como informales de que para, hacer frente a la delincuencia, y especialmente a la delincuencia actual juvenil, es preciso conocer sus factores endógenos y exógenos para poder impedirlos convenientemente.

Las políticas criminales que considero proporcionadas y eficaces al tratamiento actual de las infracciones en menores serían aquellas orientadas a la recuperación personal y social del menor, rechazando plenamente las informadas en postulados represivos y retribucionistas.

BIBLIOGRAFÍA

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VÁZQUEZ GONZÁLEZ, C. Delincuencia juvenil. Consideraciones penales y criminológicas. Madrid: Colex 2003.

“Teorías Crimin…

“Teorías Criminologicas sobre delincuencia juvenil”

“La delincuencia infantil y juvenil tiene su origen en procesos defectuosos de
aprendizaje social. Con los cambios sociales, el desarrollo de la sociedad y la
transformación de la estructura socioeconómica cambian también el estilo de vida y las
normas que determinan los comportamientos humanos. Como se aprenden los nuevos
comportamientos y normas con distinta velocidad, nacen conflictos de valores y de
comportamientos en el proceso de aprendizaje social (teoría del conflicto cultural). Si
estos conflictos no se resuelven de manera pacífica y de común acuerdo, tendrán como
consecuencias la destrucción de valores (teoría de la anomia), lo que produce, a través
de la destrucción de grupos y de la personalidad, un aumento de la delincuencia. Si el
desarrollo socioeconómico de ciertas áreas (barrios, vecindarios) queda atrasado, se
destruye la solidaridad entre los miembros de la comunidad (teoría de la
desorganización social). Con la destrucción de la comunidad coincide el desarrollo de
subculturas, de grupos de niños y jóvenes de la misma edad (teoría de la subcultura)
donde aprenden con el apoyo del grupo, costumbres y justificaciones delictivas. El
comportamiento delictivo no se aprende sólo por medio del resultado de ciertos
comportamientos, sino también por medio de modelos de conducta. Puede ser
aprendido en procesos de autoafirmación, por medio de habituación y falta de
comprensión de la legitimación y necesidad de comportarse conforme a las normas
sociales (teoría del aprendizaje social). Un niño o un joven aprende a evaluar su
comportamiento y considerarlo bueno o malo. Aprende las normas que determinan su
comportamiento. Participará tanto más en comportamientos delictivos cuanto más
apoyo ha obtenido hacia este tipo de comportamiento frente al comportamiento
conforme con las normas sociales y cuanto más este comportamiento ha sido definido
delante de él como deseable o, por lo menos, ha sido justificado como aceptable (teoría
del refuerzo diferente). Los niños y jóvenes delincuentes no han desarrollado afecto y
apego a sus padres y profesores. La casa paterna y la escuela tienen sólo poca
importancia para ellos. No han aprendido a contraer relaciones interpersonales. No
persiguen unos fines a largo plazo y conformes con la sociedad; no trabajan por una
carrera conforme con la sociedad. No respetan la ley (teoría del control). Cuando la
reacción oficial a la delincuencia es demasiado fuerte, cuando representa una
dramatización, agrava la delincuencia juvenil. La delincuencia primaria, que podría 

normalizarse, se convierte en delincuencia secundaria: el autor reincidente fundamenta

su vida y su identidad en la realidad de la delincuencia; desarrolla una autoimagen
delincuente (teoría de la interacción)”.

 

Prof. Carlos Vázquez Gonzáles. UNED

Sobre Criminologia Investigativa.

Criminologia Investigativa  surgiu a partir de uma idéia social, na qual realizando um TCC em 2004, obtive a experiência  de trabalhar com jovens carentes de uma determinada localidade de Sao Paulo/ Brasil, onde estudos realizados com base no E.C.A. Estatuto da Criança e Adolescente, e Direitos do menor, foram  a “chave” e o incentivo ímpar para a criaçao desse Blog. E conjuntamente com a Criminologia, e as mais diversas teorías, foram criados tais artigos que com base na Justiça do menor e a não observação da lesgislação correta pelos devidos responsáveis, fora formada uma ideia singular.

 

Expert em Criminologia desde 2007 pela UNED, Madrid, Espanha e Licenciado em Direiro pela Unicsul, Sao Paulo/ Brasil, e  sob a responsabilidade de Anderson Alves Ribeiro, especializado em criminologia, possui como principal atuação a área criminal e especial atenção aos Direitos Humanos e Da Criança e do Adolescente, realizando um trabalho personalizado, com observância cuidadosa às especificidades e particularidades de cada caso e as devidas teorias, em respeito às necessidades de elaborar uma teoría chave para erradicar tal conflito. O crime e o abuso infantil possui, ainda, extensão nas áreas de direito Internacional, Extranjería, Tributário, sob responsabilidade e com a colaboraçao de profissionais especializados e altamente qualificados em cada área de interrese  sob a otica da criminología.

 

Com esse blog, venho tentanto alertar de modo pacífico as autoridades responsáveis , para a devida busca e apoio, aos menores carentes que em estado criminógeno, estão tentando buscar meios ilícitos para sobreviverem nesse mundo em que as oportunidades nao existem se você não as cria, abusos constantes da legislação são observadas na pele desses menores que quando não conseguem  uma saída viável ao mundo capitalista que os rodeam, estao inceridos no mundo do crime muitas vezes por falta de opção legal.

 

Criminologia Investigativa aos olhos do seu criador e com o apoio dos colaboradores tenta buscar a melhor teoría para um conflito que parece estar radicalmente insserido em nossa comunidade através do crime, muitas vezes brutal e sufocante, que em dias atuais deixa toda a  comunidade de um país em perfeito estado de guerra.

 

Não obstante, com tamanha tarefa e com um arduo caminho adiante, não há duvida que em questao de teorías o único caminho é o trabalho empirico, somente o caminho do bem e do amor será possível para  buscar uma solução para ese conflito.

 

Acredito que o apoio correto e com  parceiros adequados, estarão interessados em mudar essa realidade e que essa jornada, em busca de uma teoría final, seja de uma vez a nova condiçao de vida, com condições dignas e uma vida que todos merecem.

 

Respeito ao cliente, seriedade à causa e estudo constante são os compromissos assumidos por este profissional, que atua de forma séria e que busca uma justiça digna para todos.

 

Bem vindo a Criminologia Investigativa!

  

 

Criminología Investigativa surgió de un contexto social, donde la realización de un TCC en 2004 ,obtuve la oportunidad y experiencia de trabajar con los jóvenes desfavorecidos en una localidad en particular Sao Paulo / Brasil, donde los estudios basados ​​en ECA, Estatuto del Niño y del Adolescente , y derechos del niño, eran la “clave ” y el incentivo para la creación de este Blog . Y junto con la Criminología , y varias teorías se han creado,  artículos sobre la base de la justicia y la no observación de una legislación correcta con la responsabilidad correspondiente, formado una idea singular .

 

Experto en Criminología desde el año 2007 por la UNED , Madrid, España , y licenciado en Derecho por la UNICSUL , Sao Paulo / Brasil, y bajo la responsabilidad de Anderson Alves Ribeiro , especializado en criminología, tiene como principal actividad la atención penal y especial para los derechos humanos y de los niño y del Adolecente, con un  trabajo personalizado , con especial respecto a las particularidades de cada caso y las teorías apropiadas , con respecto a las necesidades de desarrollo de una clave de la teoría a la erradicación de tales conflictos. La delincuencia y el abuso infantil también ha ampliado las áreas de Derecho Internacional , Extranjería , Impuestos, bajo la responsabilidad y con la colaboración de personal especializado y altamente calificado en cada área bajo la Ética de la criminología .

 

Con este blog, he estado tratando de advertir pacíficamente las autoridades encargadas de la búsqueda y el apoyo adecuado a los niños necesitados en ese estado criminógeno están tratando de buscar medios ilegales para sobrevivir en este mundo donde no existen oportunidades si no los crea , abusos en la legislación se observan en la piel de estos pequeños cuando no se puede hacer nada en el mundo capitalista que os rodean , están inseridos en el mundo del crimen a menudo por falta de opción legal .

 

Criminología Investigativa a los ojos de su creador y el apoyo de los colegas, tratan de buscar la mejor teoría para un conflicto que parece radicalmente inserido en nuestra comunidad a través de la delincuencia , a menudo brutal y asfixiante , que hoy sale a toda la comunidad de un país en perfecto estado de guerra.

 

Sin embargo , con una correcta tarea y arduo trabajo por delante , no hay duda de que las teorías y el trabajo empírico en cuestión son la única forma de que se lograra el camino de la paz, justicia y bondad por parte de y para todos, y el amor será clave para buscar una solución a ese conflicto.

 

Yo creo que con  el apoyo adecuado y con los socios adecuados , será posible cambiar esta realidad y este viaje en busca de una teoría final , es  la nueva condición de vida, y una vida digna que todos merecen .

 

El respeto al cliente , debido a la gravedad del problema a erradicar, y el estudio constante son compromisos de este profesional, comprometido en una seria y digna tarea, que busca una justicia para todos.

 

Bienvenido a la Criminología Investigación !

“La criminología como ciencia del delito” breves apuntes.

I. LA CRIMINOLOGÍA.
Las teorías criminológicas, como ciencia social, no sólo se componen de afirmaciones más o menos
explícitas sobre el delito y los delincuentes, sino que conllevan todas las teorías una serie de asunciones
latentes. Cada teoría es coherente con alguna o algunas determinadas concepciones del ser humano, de la
sociedad, de las políticas criminales, etc. Para Henry, existe “ cinco dimensiones analíticas interrelacionadas
que se encuentran en el corazón de cualquier teoría criminológica. Las dimensiones son: a) la
naturaleza humana y el comportamiento humano, b) la sociedad y el orden social, c) el papel de la ley, la
definición del delito y la imagen del delincuente, d) la lógica central; y, e) la implicaciones de justicia criminal.
¿Qué es la criminología según Sulthernal? “ elcuerpo de conocimientos sobre el delito como
es
fenómeno social. Incluye dentro de su ámbito los procesos de elaboración, infracción y de la
reacción a la infracción de las leyes”; también se ocupa de la extensión del fenómeno delictivo.
Funciones de la Criminología:
a) Su principal actividad se el estudio de las causas del delito, o sea, en explicarlo (función
etiológica). Existen distintas teorías que ofreces explicaciones sobre las causas del delito: como las del
aprendizaje, el control, la frustración, la desorganización social o la anomia.
b) Contribución a las formas de respuesta al delito, o sea a su control o prevención. La Criminología
contribuye a la Política criminal.
c) El estudio científico también incluye la medición o extensión del delito, esto es cuántos delitos se
comente en un cierto período de tiempo en una unidad espacial dada, como puede ser en un país, una
región o un barrio.
d) Estudio de los procesos de cómo y por qué se elaboran las leyes, y más concretamente las
penales.
e) También es imprescindible estudiar por qué unos hechos se definen como delictivos y otros no
y, por qué unas leyes se aplican con rigor y otras no tanto; y, si intereses de grupos particulares influyen
decisivamente en el proceso.
2. LA CRIMINOLOGÍA COMO CIENCIA:EL RECURSO AL MÉTODO CIENTÍFICO.
La aspiración de la Criminología es la aplicación del método científico, propio de las ciencias
naturales, al estudio del comportamiento humano. Esta opción se traduce en la descripción y explicación de
la realidad sobre la base de dos columnas: la teoría y la observación de hechos empíricos, a la
experimentación, a la experiencia… sobre todo porque mediante la observación es posible saber si una
determinada teoría o una hipótesis es falsa o bien verosímil y puede confiarse en ella. Así, en Criminología
es decisivo la metodología a través de la cual se realizan observaciones del delito y de los delincuentes
con técnicas tales como la observación participante, las entrevistas, las estadísticas oficiales, los
cuestionarios de autoinforme… La ciencia se centra en aquello que sea observable con una cierta

minuciosidad. Una de las aspiraciones del conocimiento científico, es ir más allá, es superar el sentido
común.
3. LA IDEA DE CIENCIA Y SUS LIMITACIONES.
1 EL CRITERIO DE LA REFUTACIÓN.
¿Cuándo puede considerarse que un sistema es científico y diferenciarlo así de los otros que no lo son?
Según Popper, un sistema científico consiste en un conjunto de hipótesis interrelacionadas que
pueden someterse a contrastación a través de la observación de los hechos. Científico será todo
sistema o hipótesis que puede ser negado mediante hechos observables. Esto es conocido como criterio de
refutación y sirve para separar –demarcar- la ciencia de cualesquiera otros saberes. El principio de
refutación propone construir teorías, derivar hipótesis de las mismas por deducción y someterlas a
refutación.
La clave para decidir si nos encontramos ante un saber científico, reside en comprobar si puede ser
sometido a refutación, es decir, si es posible encontrar algún hecho empírico que lo contradiga. Uno de los
ejemplos más conocidos en que se ha denunciado la irrefutabilidad de un sistema pretendidamente
científico es el psicoanálisis de Freud y sus seguidores.
Una hipótesis –de una teoría deriva la hipótesis- es científica solamente cuando puedan encontrarse
hechos observables contrarios a la misma, que la contradigan y que sean capaces de refutarla. Ahora bien,
una teoría puede ser fácilmente refutable y otra sólo de manera muy débil: la refutabilidad es una
cualidad graduable. Por este motivo, el principio de refutación propuesto por Popper además sirve para
evaluar las diversas teorías científicas, o sea decidir su valor científico e incluso para compararlas entre
ellas y establecer cuál es superior o preferible.
Ej. De la teoría del aprendizaje se deriva la hipótesis de que uno primero se echa amigos delincuentes y
luego delinque. La investigación empírica puede decirnos si esto es verdad o no (puede ser que primero uno
delinca y luego se eche amigos delincuentes, como hipotetizan las teorías del control).
2 CONSIDERACIONES CRÍTICAS SOBRE EL CRITERIO DE REFUTACIÓN.
El criterio de refutación (o racionalismo crítico) no carecen de problemas. Popper reconoce que su
doctrina no es completa o definitiva y que no es posible jamás presentar una refutación concluyente de una
teoría.
a) Cuando se observan unos hechos que contradicen una teoría es perfectamente posible que la teoría
no sea falsa, sino que la observación se haya realizado de manera defectuosa. No existen las
investigaciones perfectas y los errores pueden acabar en hallazgos falsos.
b) Por eso, la mayor parte de las veces se exigen varios estudios empíricos para establecer un hecho o
una observación y, en su caso, refutar una hipótesis. Esta repetición de observaciones se conoce como
replicación, y en las ciencias naturales suele exigirse la replicación de observaciones para que se acepten
por la comunidad científica. Por diversas razones, las replicaciones son muy difíciles en las ciencias
humanas y sociales.
c) Es legítimo que ante una refutación el teórico simplemente modifique la teoría ad hoc de manera que
pase a ser compatible con la observación.

d) En la Historia de la Criminología son muy raros los casos en que una teoría se refuta. Algunas teorías
siguen teniendo plena vigencia y popularidad pese a que la evidencia en su contra es abundante. Cuando,
por el contrario, una teoría cae en desgracia las más de las veces lo que parece haber es mucho más un
mero abandono por razones poco claras que una verdadera refutación. Finalmente, no es raro que cuando
una teoría parecía haber sido refutada y abandonada, con el paso del tiempo vuelva a defenderse por
nuevos teóricos.
3 LA APLICABILIDAD DEL MÉTODO CIENTÍFICO.
La aplicación del método científico al estudio del delito, tal y como propone la criminología
mayoritaria contemporánea, no es aceptada pacíficamente. Aunque las dificultades han sido reconocidas
desde hace tiempo. Sólo se pretende que los métodos de las ciencias naturales se apliquen en la medida
de lo posible, este procedimiento es especialmente prometedor sí se quiere disponer de conocimientos
verosímiles sobre la naturaleza, etiología y extensión del delito y sobre todo las posibles respuestas al
mismo y para evitar consiguientemente enfoques básicamente ideológicos o incluso de mero intercambio de
eslóganes.
El positivismo ha recibido una impresionante avalancha de críticas, y desde luego sus dos puntos de
partida se han moderado mucho desde el siglo XIX. Las críticas constituyen un abanico muy amplio que se
extiende de este lo epistemológico a lo ideológico, y así se ha llegado a acusar incluso de ser un
instrumento que favorece a los poderosos. A pesar de todo y con más o menos modificaciones, ha
sobrevivido hasta nuestros días.
La alternativa que suelen presentar los críticos más reputados no es la especulación desconectada de
la realidad ni el análisis ideológico o de cariz puramente político sino la investigación (empírica) sería de
tipo cualitativo, compresivo que suele encuadrarse en el amplio marco de la llamada hermenéutica.
Adorno “ que se discute no es la investigación empírica o su omisión, sino su interpretación… Ningún
lo
investigador social sensato puede pretende sustraerse a la investigación empírica” la especulación
,
desenfrenada “ ha puesto a sí misma en una situación extremadamente delicada con teorías como la de
se
que la raza es un factor decisivo en la vida de la sociedad” .
MAILLO, está perfectamente justificado que la criminología recurra al método científico para el
estudio del fenómeno delictivo.
a) El mejor argumento a favor de su viabilidad para el estudio del delito viene dado por éxitos que ha
proporcionado ya de hecho. Se trata, sin duda, de avances modestos y limitados, pero en definitiva gracias
a la aplicación de este método existe hoy en día un cierta confianza en la existencia de ciertos correlatos e
incluso causas del delito e incluso sobre prometedoras respuestas al mismo: la fuerte correlación que
existe entre edad y delito, o género y delito, hechos empíricos como la continuidad y el cambio o la
relevancia causal de la socialización en la familia, sólo han sido posibles de establecer con seguridad
cuando se ha recurrido al método científico.
b) El comportamiento humano no sólo es susceptible de reflexión teórica sino que entra dentro de los
fenómenos observables.
c) El positivismo es una empresa optimista, que anima a los investigadores porque les ofrece el
progreso científico y, quizá, mejoras sociales. Pues bien, advierte Popper, este optimismo promueve la
investigación, mientras que su negación en la práctica suele conducir a un cierto pesimismo que la paraliza.
4. LA CRIMINOLOGÍA COMPRENSIVA.
La criminología y las ciencias humanas y sociales aspiran a comprender su objetivo de estudio (en
nuestro caso al delito y el delincuente).

Siguiendo a Weber, la Criminología no sólo aspira a explicar, sino también a comprender el delito y al
delincuente, se trata de interpretar el sentido de la acción del sujeto, para lo cual el investigador ha de
procurar situarse en el lugar de quien ha realizado un hecho delictivo, tratar de ver a través de sus ojos, con
toda la carga emocional del contexto en que se produjo el hecho (o en el lugar de la víctima, del policía) o
en que viven habitualmente los sujetos. La criminología comprensiva (o enfoque) recurre a metodologías
cualitativas.
Naturalmente nada de esto es algo que pueda hacer la Física, por ejemplo respecto a la congelación del
agua ni tampoco la Criminología positiva basada en estadísticas o estudios de autoinforme, los cuales, a
la luz de estos estudios etnográficos, han de resultar necesariamente fríos y ajenos al verdadero drama que
supone casi siempre el delito. Esta metodología puede explicar por qué se delinque, pero no pude
ayudarnos a comprender cómo el sujeto veía la situación en que encontraba, qué le llevó a tomar la
decisión final, qué experimentó durante los hechos, si pensaba en la posibilidad de ser arrestado o tenía
miedo a sufrir una sensación… La orientación comprensiva en Criminología se refleja principalmente en
determinadas metodologías cualitativas como la observación participante o la entrevista en
profundidad.
La criminología comprensiva se inscribe en una ciencia empírica y positiva. Ambas metodologías
comparten muchos de los puntos de partida básicos, como son el establecimiento e incluso test de
hipótesis, la preocupación por la objetividad del investigador y de sus resultados o la preocupación por las
causas del delito.
A todo ello debe añadirse que los últimos quince años las heterogéneas metodologías cualitativas han
producido una serie de trabajos de enorme calidad científica que han tenido una acogida excepcional en la
criminología mayoritaria, positiva; y que muchos de estos trabajos ha mostrado una especial sensibilidad
por los temas de interés mayoritario.
5. LA NATURALEZA DE LA CRIMINOLOGÍA COMO CIENCIA: OBETIVIDAD, REALISMO Y
PROGRESO.
1. OBJETIVIDAD, REALISMO Y PROGRESO.
La ciencia aspira a ser objetiva, en el sentido de búsqueda de la verdad y de que sus propuestas sean
independientes de los puntos de vista de quienes las hacen.
El instrumento fundamental del objetivismo científico reside en el recurso a su metodología, que permite
hacer observaciones hasta cierto punto independientes de quien las haga y que pueden ser repetidas y
comprobadas por cualquier otra persona. De este modo, la ciencia confía en la existencia de un mundo real
independientemente de los sujetos que, aunque no se muestra en su totalidad ni puede ser abarcado
plenamente por el limitado conocimiento humano, sí que asegura que la ciencia puede aspirar a ser
objetiva y en este sentido es realista. Popper “ hecho de que no podamos obtener nunca certezas
el
definitivas, sino que precisamente cuando se refuta una hipótesis es que se ha tocado la realidad” .
2. AUTONOMÍA E INDEPENDENCIA CIENTÍFICAS.
La criminología es una ciencia autónoma e independiente. Tradicionalmente diversas disciplinas han
pretendido adjudicarse el estudio científico del delito; entre ellas destacan la ciencia del derecho penal, la
sociología, la psicología, la biología y la economía. Para ello, han propuesto definir el delito y el delincuente
conforme a sus propios esquemas; explicarlo de acuerdo con planteamientos o teorías particulares de su
ámbito; proponer el recurso a las metodologías que les son propias; o sugerir respuestas al fenómeno

delictivo coherente con sus intereses disciplinares. A veces, incluso se han encontrado intereses
particulares de los profesionales de cada una de estas disciplinas.
Esta tendencia se inscribe en el imperialismo disciplinar, es decir, el intento de imponer al estudio del
delito perspectivas propias de disciplinas concretas. A mayor abundamiento, las distintas disciplinas han
competido entre sí, criticándose fieramente y cayendo en lo que se ha denominado “ destrucción del
conocimiento” lo cual ha repercutido en algunos casos en un grave daño para una explicación plausible
,
del delito. Todos estos intentos disciplinares han fracasado rotundamente si se juzgan desde un punto de
vista científico sus propuestas para explicar y responder al delito. Así las cosas, sólo un estudio
especializado, independiente de cualesquiera disciplinas madre puede resultar prometedor para el estudio
científico del delito.
a) La criminología se caracteriza por tener un objetivo de estudio que le es propio y privativo como es
el delito como fenómeno individual y social. Entre sus funciones concretas se incluyen: la explicación
causal del mismo, los procesos de definición, su medición y contribuir a su prevención y control.
b) La criminología ha desarrollado teorías originales y ha establecido sus propias variables causales y
correlatos del delito.
c) La criminología tiene muchas más especificidades metodológicas.
d) La criminología es una ciencia que se caracteriza por una enorme exigencia a la hora de plantear
teorías sobre el delito o propuestas de prevención o control del mismo y a la hora de evaluar las mismas y
de proponer y desarrollar investigaciones empíricas; a la vez, posiblemente debido a ello, es una ciencia
modesta en sus conclusiones.
3. LA CRIMINOLOGÍA COMOCIENCIA LIBRE DE VALORES.
La criminología como ciencia libre de valores. Weber; quiere decir en realidad dos cosas:
a) Que ciencia por un lado y valores por otro se mueven en planos diferente: la ciencia no puede
decirnos qué valores son superiores.
La ciencia estudia aspectos empíricos de la realidad, de modo que no puede decirnos qué valores
éticos o políticos son superiores. La criminología positiva, verbigracia, puede decir si la pena privativa
de libertad tiene efectos preventivos o no, pero no puede decirnos si es buena o no.
b) Weber se refiere a si el profesor puede impartir ideología en sus clases. La respuesta a esta cuestión
tiene para Weber una naturaleza ética, de manera que no puede decidirse científicamente. De acuerdo con
una ciencia libre de valores, en todo caso, el profesor debería ser intelectualmente honesto y diferenciar
sus propias valoraciones por un lado y la constatación de hechos por otro. Afirma Weber que “ siempre que
un hombre de ciencia se presenta con sus propios juicios de valores cesa su plena comprensión de la
realidad” y que “ profeta y el demagogo no tienen su sitio en la cátedra”
el .
Introducción a la Criminología es favorable a esta idea:
a) Maíllo, el problema fundamental del voluntarismo (valores) es que suele tener consecuencias
desastrosas.
b) Pueden paralizarse las investigaciones porque no se piense que el problema es científico.
c) Hechos sospechosos no son tan indeseables a veces
d) Es probable que deban existir limitaciones éticas a las investigaciones, pero excepcionalmente.

1. EL DELITO Y EL PROBLEMA DE SU DEFINICIÓN: LA NORMALIDAD DEL DELITO.
En todas las sociedades conocidas existen y han existido una serie de conductas (delitos) que se ha
prohibido o bien han sido de obligado cumplimiento, bajo la amenaza de un mal. De acuerdo con el art. 10
CP son delitos “ acciones y omisiones dolosas o imprudentes penadas por la ley; y en sus libros II y III
las
describe una serie de conductas que, en efecto, castiga con penas. Aunque es difícil llevar a cabo una
caracterización de todos los delitos, en general éstos tenderán a ser; como señala Cerezo Mir; infracciones
graves de “ normas de la Etica social… de la sociedad” Los delitos no se tipifican de manera caprichosa,
las .
sino porque infringen normas sociales básicas.
Aunque pueda ser reprobable, el delito es un fenómeno normal de una sociedad. En efecto, no sólo
existe en toda sociedad conductas que pueden considerarse delictivas, sino que incluso parece que no
puede existir sociedad sin delito. Esto se conoce como el principio de normalidad del delito. Durkhein
afirmó que el delito, lejos de ser un fenómeno patológico, es un fenómeno normal de una sociedad, y que
incluso en una sociedad de santos habría delitos. El delito es funcional en el sentido de que contribuye al
funcionamiento de la sociedad. En efecto su verdadera función (la de la pena se impone a quien comete un
hecho delictivo) es mantener intacta la cohesión social, conservando en toda su vitalidad la conciencia
común. Durkheim, el delito es funcional para la sociedad porque:
a) El delito crea empleo.
b) Si un traficante es expulsado puede afrontar un desastre financiero.
c) El delito puede reducir el delito.
d) Las bandas de Chicago impidieron que el crack entrara en la ciudad.
Esto es paradójico porque está claro que la delincuencia supone también un costo para la sociedad, no
sólo en términos económicos directos e indirectos tanto para el Estado como para particulares, sino también
de sufrimiento para las víctimas y de miedo al delito para los ciudadanos en general. Los grupos con más
miedo tienen menos probabilidades de sufrir una victimación. Tiene tres representaciones:
a) Miedo cognitivo.
b) Miedo emocional.
c) Miedo operativo.
Como es fácil de comprender, el análisis y la medición de estos fenómenos, es de una complejidad
abrumadora.
2. EL PROBLEMA DE LA DEFINICIÓN DEL DELITO.
La Criminología estudia el delito. Una disciplina se caracteriza, entre otras cosas, por su objeto de
estudio (o variable dependiente): la autonomía e independencia de la criminología se justifican porque
estudia científicamente el delito desde un determinado punto de vista. Así, pues, ¿qué es el delito? y ¿quién
puede considerarse que es un criminal? El problema de la definición del objeto de estudio de la
Criminología es el más importante. Existen dos orientaciones: legal y natural.
1. LA CONCEPCIÓN LEGAL DE DELITO.

La idea de que el objeto de estudio de la criminología viene delimitado por el CP y las leyes penales
especiales, o sea la concepción legal del delito, se remonta a la Escuela clásica, tiene una larga tradición y
es, quizá, la más seguida en la doctrina española. De acuerdo con el principio de legalidad, para que una
conducta pueda considerarse delictiva ha de encontrarse descrita (tipificada) en las leyes penales. Todo lo
que no se encuentre tipificado en dichas normas no puede ser considerado delictivo por muy injustos o
dañino que pueda ser; a la vez, todas las conductas incluidas en dichos cuerpos legales se consideran
delictivas. De acuerdo con esta postura legalista, pues, el objeto de estudio de la criminología (delito) es
toda conducta injustificada que se encuentra tipificada en una ley penal, cometida sin justificación o
excusa y castigada por el Estado; y por delincuente o criminal ha de entenderse todo aquel que incurra en
una de dichas conductas. La ley penal define que es el delito.
El criterio legal es insatisfactorio desde un punto de vista científico:
a) No parece asumible que el objeto de estudio de una disciplina venga impuesto desde fuera de la
misma. Lo lógico es que cada disciplina defina ella misma qué va a estudiar y cuál es su contenido y
naturaleza.
b) El legislador (no sigue un criterio científicamente satisfactorio) es quien legítimamente establece qué
conductas son delitos, no sigue un criterio satisfactorio desde el punto de vista de la explicación causal de
los delitos, sino que predominan los históricos y de oportunidad. De este modo es difícil que pueda darse
una explicación científica general convincente de una materia en la que elementos irracionales y
contradicciones tienen una fuerte presencia.
c) Las leyes penales son irremediablemente vagas e imprecisas.
d) Las leyes penales son cambiantes: con relativa rapidez se tipifican nuevas conductas, mientras que
delitos tradicionales se redefinen o bien dejas de estar castigados.
2. LA CONCEPCIÓN NATURAL DE DELITO.
Tradicionalmente se ha defendido la necesidad de que la criminología definiera por sí misma su propio
objeto de estudio: ¿qué es el delito? y ¿quién es el delincuente?
Garofalo, propone un concepto natural del delito: delito sería la infracción de ciertos sentimientos
morales que sean fundamentales para una comunidad, independientemente de que estén tipificados
en las leyes penales o no (esta definición ha sido abandonada por ambigua).
Gottfredson y Hirschi ponen la definición de delito como todo acto de fuerza física o engaño
realizado buscando el beneficio propio. Sin embargo, no es asumible por diversas razones:
a) Resulta excesivamente imprecisa.
b) Muchos delitos no son engaños.
c) Algunos delitos no se realizan por propio interés.
Para Akers, el concepto implica que hechos que se han realizado por razones distintas al propio interés
no podrían considerarse delitos. A juicio Maíllo, sí sería posible encontrar un interés propio en casi todos los
delitos de las leyes penales, el problema, por lo tanto, sería más bien el de definir con precisión qué es el
interés propio y si no se trata de un concepto excesivamente amplio e impreciso.
d) Se incluyen muchos comportamientos que son irrelevantes para la criminología.
3. LA VIOLENCIA Y LA AGRESIÓN COMO OBJETOS DE ESTUDIO DE LA CRIMINOLOGÍA.

Debido a las insuficiencias científicas del concepto de delito que acabamos de ver, tanto desde el
punto de vista legal como natural, algunos autores han propuesto que una ciencia positiva debería fijar otros
objetos de estudio. En esta línea se encuentra, por ejemplo, el planteamiento de Fishbein, para quien la
investigación no debería centrarse en el delito per se ya que es una mera abstracción legal y no un
comportamiento real, sino en “ componentes del comportamiento antisocial que son susceptibles de
medición, estables y permanentes a lo largo de diversas culturas” como sería el caso de la agresión. Este
,
programa es perfectamente coherente con la apuesta de la esta autora por una ciencia positiva, pero sin
embargo no podemos compartirlo:
a) La mayoría de los delitos lo son contra la propiedad, o sea no agresivos ni violentos. Si hemos
decidido que debe existir una ciencia que estudie científicamente el delito como es la criminología, entonces
es preciso que se tenga en cuenta todos los fenómenos que entren bajo dicha denominación, o al menos el
mayor número posible de ellos. Como existen muchos hechos delictivos que no son agresivos, violentos… ,
estos conceptos sólo pueden dar razón de una parte mínima del fenómeno que pretende estudiarse.
b) Muchos comportamientos agresivos no son delictivos.
c) Es difícil definir agresión.
d) Algo parecido pude decirse respecto a la violencia: la mayoría de los delitos no conllevan violencia y
muchos actos violentos no son constitutivos de delito.
4. EL COMPORTAMIENTO DESVIADO.
Otras orientaciones mantienen que la criminología debe estudiar no sólo el delito, sino los
comportamientos desviados en general (el delito, de hecho, es en general un acto desviado).
Comportamientos desviados son conductas que infringen normas sociales, como es el caso de la
drogadicción o el alcoholismo.
El objeto de estudio de la criminología viene constituido por el delito, no por los comportamientos
desviados: conductas que infringen normas sociales. Tampoco es de recibo:
a) El estudio de la criminología se ampliaría demasiado, haciendo su labor mucho más difícil y
desviando su atención hacia comportamientos que en teoría no atentan tan gravemente contra intereses y
bienes ajenos, y que tampoco provocan una reacción oficial y formal mediante las sanciones estatales más
serias, como es el caso de las penas.
b) La desviación es un concepto esencialmente ambiguo y relativo, mucho más que el delito.
También puede aducirse que desviación y delito no se solapan en todos los casos.
c) Es competencia de la Sociología de la desviación
Sí son relevantes para la Criminología:
a) Es posible que una teoría criminológica sea tan amplia en su ámbito que incluso sea capaz de
explicar los comportamientos desviados.
b) En una investigación, Robins, encontró que diversos comportamientos desviados, incluido el
delito, tienden a concentrarse en los mismos sujetos: “ una amplia proporción de la población criminal
son personas… que no se relacionan, con escasa instrucción, carreras laborales precarias, relaciones
matrimoniales pobres, dependencia de agencias sociales, vagancia, abuso de la bebida, alimentación y
hostilidad frente a sus familias y conocidos”.

c) Esto es también coherente con el hallazgo de que los delincuente tienden a ser versátiles, o sea a
cometer hechos delictivos heterogéneos entre sí cuando se les presenta la oportunidad, y no a
especializarse en la comisión del mismo delito o grupos concretos de delitos. Algunos autores se refieren a
este fenómeno como la generalidad de la desviación, incluido el delito: tanto los delitos como otros
comportamiento antisociales tales como el consumo de drogas o alcohol, pero incluso los accidentes de
tráfico y otros tienden a concentrarse en las mismas personas o al menos en personas con las mismas
características. Cualquier teoría sobre el delito debería ser capaz de dar razón de esta generalidad de la
desviación y de hecho a mayoría de las teorías criminológicas lo son: este hallazgo empírico, como ocurre
casi siempre en criminología, puede explicarse de maneras diferentes.
d) Además, es posible no sólo que ambos tipos de comportamientos, desviados y delictivos, se
concentren en las mismas personas, sino que es incluso posible que respondan a la misma causa, con lo
cual se vuelve a presentar la posibilidad de que una única teoría etiológica pueda abarcar fenómenos tan
diferentes.
Estas reflexiones pretenden destacar que si bien la desviación en general no es por sí misma objeto
de estudio de la criminología, sí que puede ser relevante para la misma.
3. LA NECESIDAD DE UNA DEFINICIÓN CRIMINOLÓGICA.
Por diversas razones parece que la concepción legal del delito es insatisfactoria científicamente.
Una definición natural es deseable pero muy difícil de elaborar.
A pesar de estas dificultades, sugerimos una definición provisional de delito como: toda infracción
de normas sociales recogidas en las leyes penales que tienda a ser perseguida oficialmente en caso
de ser descubierta.
El delito es en primer lugar un comportamiento que viola normas básicas de una sociedad. Aunque
sin duda no es el único, sí es también el principal motivo por el que despierta la reacción de la comunidad.
Las leyes penales recogen básicamente las más graves de estas normas, y castigan su infracción a través
de sanciones formales impuestas por instituciones oficiales. Esta concreción de las normas básicas de la
sociedad en las leyes tiene lugar tanto en el momento de su elaboración legislativa como en el de su
interpretación por los Jueces y Tribunales y, en general, por todos los servidores de la Administración de
Justicia. El primer elemento de nuestra definición es, pues, la infracción de normas sociales recogidas en
las leyes penales. Hasta aquí coincide aproximadamente con una concepción legal.
Pero no todas las leyes penales son aplicadas en la práctica: muchos comportamientos que
posiblemente podrían calificarse de delictivos no son perseguidos por las instituciones cuando se
descubren. Ello es debido a que los recursos de que disponen las autoridades son limitados, pero también,
sin duda, a otras razones, como puede ser la posición de privilegio de quienes realizan tales conductas. En
general, las leyes que castigan los delitos más graves, tenderán a ser perseguidas más que las que
infringen normas menos importantes para la comunidad. A mayor abundamiento, cuando una conducta no
es perseguida, que esté o no incluida en la ley penal depende en buena medida del criterio del investigados,
con lo cual se incurre de nuevo en la imprecisión y en el voluntarismo. Por lo tanto, el segundo elemento de
nuestro concepto exige que la conducta tienda a ser perseguida en caso de ser descubierta
oficialmente.
En conclusión, es menester definir con una precisión mínima qué se entiende por delito, puesto que de
ello pueden depender críticamente las conclusiones que se alcancen. Todos los esfuerzos, sin embargo,
parecen reforzar la inferencia de que el delito es un concepto débil, lo cual representa una seria
dificultad para nuestra disciplina.
4. LOS DELITOS DE CUELLO BLANCO.

Para referirse a estos delitos de las clase altas que tendían a no aparece en las estadísticas oficiales.
Sutherland recurrió a hoy popular término de “ delito de cuello blanco: como el delito cometido por una
persona respetable y de alto status social en el curso de su ocupación” Para Sutherland, los delitos
.
de cuello blanco tenían una gran coste para un país, sobre todo económicos, superior al del delito común, y
además se encontraban bastantes extendidos. A pesar de ello era difícil que cuando se cometía la conducta
ilícita en cuestión se llegara a un arresto y no digamos ya a una condena. Los delitos de cuello blanco
tienden a no ser perseguidos por un proceso de aplicación diferencial de la ley; las personas de las
clases superiores tienen una mayor facilidad para no ser descubiertos, arrestados y condenados en caso de
incurrir en algún acto prohibido.
Pese a su complejidad, el concepto de delito de cuello blanco es muy impreciso y, por tanto,
inasumible científicamente. Es tan impreciso que resulta inútil desde un punto de vista científico: no se
sabe en qué consisten los delitos de cuello blanco y, en consecuencia, “ estas deficiencias ha hecho del
delito de cuello blanco un constructo estéril” Aunque intuitivamente se puede tener una idea de lo que
.
Sutherland quería decir con su definición, cuando se trata de precisarla de cara a una investigación teórica o
empírica se hace muy complicado decidir en qué consisten cada uno de los términos que la componen. El
problema se complica ya en la propia obra de Sutherland, en la que se refiere a comportamientos
muy diversos.
Si se entiende como una concepción legal, es menester no olvidar cuál es precisamente la pregunta
de Sutherland ¿es el delito de cuello blanco delito? ¡Sí¡ ¿es posible, pues, que existan delitos que no sólo
no los conozca la policía, sino que ni siquiera los autores o sus víctimas sean conscientes de su ocurrencia?
¡Sí¡. Para que constituyan delito en sentido estricto es suficiente con que estén tipificados en las leyes
penales.
El problema fundamental de esta postura es que es el investigador quien define qué es el delito.
Un mayor problema del delito de cuello banco es que proponer una noción de delito intuitivamente atractiva
pero que concede al investigador una gran flexibilidad para definir como delito lo que crea conveniente.
Existen muchas conductas que, con una lectura literal de las leyes penales, pueden ser constitutivas de
delito pero que sin embargo no se persiguen.
La inexactitud de la ley penal es imposible de evitar. En ese margen puede tener cabida muchas
conductas que puede ser; voluntad del intérprete, atípicas o cifra negra. Ello se traduce en la práctica en
que, con la ley en la mano, siempre es posible imaginar innumerables conductas que podrían considerarse
constitutivas de delito, pero que en la práctica no se persiguen.
La idea de delito de cuello blanco ha tenido un impacto enorme entre muchos criminólogos y penalistas,
y también a nivel popular. El impacto de delitos de cuello blanco ha sido mucho más ideológico que
científico. Molia “ puede ignorarse, sin embargo, que la significación de este nuevo tipo criminal… va
No
inseparablemente unida a una actitud crítica y de denuncia del orden social y de la justicia penal” “ ; Mayor
interés tiene el trasfondo ideológico de la discusión doctrinal. Porque no puede olvidarse que el concepto de
delincuente de cuello blanco” de Sutherland es un concepto inequívocamente crítico y “ clasista” dirigido
,
contra personas que disfrutan de respetabilidad y de un alto estatus social” .
De hecho, dentro de los muy diversos usos que se les ha dado en nuestro ámbito socio-cultural,
destaca el que ve en los delitos de cuello blanco delitos que lo son pero que no son definidos como tales,
que no son detectados y perseguidos.
Para que exista el delito de cuello blanco no es preciso que ni autor ni víctima lo definan como tal, ni
que intervenga el sistema de Administración de Justicia, incluida la policía, ni, en definitiva, que la
comunidad reaccione. Quien decide si se ha producido un delito es el investigador. No puede extrañar
que el análisis de los delitos de cuello blanco se haya hecho más en términos voluntarios, políticos y
retóricos que científico. Si se puede definir libremente el objeto de estudio de la disciplina, no puede caber la
menor duda de que todas las consideraciones etiológicas, preventivas, sobre su extensión, etc. Quedan
también en manos del investigador.

5. TEORÍAS DEL DERECHO PENAL.
La definición de delito “ toda infracción de normas sociales recogidas en las leyes penales que
es
tienda a ser perseguida oficialmente en caso de ser descubierta” presupone que las leyes penales
responde en general y con mayor o menor concordancia a las normas generalmente aceptadas por parte de
la sociedad, por lo menos en los sistemas democráticos contemporáneos. Se trata de una concepción
consensual del Derecho penal.
Otras posturas, sin embargo, no comparten esta visión consensual del derecho, y proponen más bien
que la esencia del mismo responde a la naturaleza conflictiva de la sociedad. Se trata de las
concepciones conflictuales de la sociedad y del Derecho. Aunque sin duda la polémica entre esta
concepción y la consensual se remonta a los primeros filósofos de la humanidad, quizá una de las
propuestas modernas más conocidas sea la de Marx “ las sociedades coexisten clases sociales con
en
valores e intereses contrapuestos en abierta oposición y confrontación” En palabras de Engels “
. La
sociedad se divide en clases privilegiadas y perjudicadas, explotadoras y explotadas, dominantes y
dominadas, y el estado (… ) asume a partir de ese momento, con la misma intensidad, la tarea de mantener
coercitivamente las condiciones vitales y de dominio de la clase dominante con respecto de la dominada… ” .
Es menester aclarar que, para estas posturas, por supuesto, todas las clases tienen también algunos
intereses comunes. El Derecho penal es un buena media un instrumento de control de las clases
privilegiadas sobre las desfavorecidas. Quinney afirma “ realidad social del delito se construye
la
básicamente a partir de las concepciones del delito mantenidas por los segmentos más poderosos de la
sociedad y que el Estado ha utilizado su poder legislativo para definir como criminal lo que considera como
una amenaza para el orden social y político. El delito se ha convertido en un arma política que es utilizada
en beneficio de los que controlan los procesos del gobierno”
Para otra postura cercana, en la sociedad predomina el conflicto y no el consenso pacífico; sin
embargo, no es fácil que un mismo grupo logre que sus intereses prevalezcan siempre, sino que diverso
grupos luchan por imponerse en distintas cuestiones concretas. La Ley, y en concreto la ley penal y su
interpretación aplicación, es vista ahora como el resultado de estas luchas para la resolución de conflictos.
Así, para Turk nada es intrínsicamente criminal, sino que la criminalidad es una definición que aplican
aquellos con poder suficiente para hacerlo. La diferencia fundamental con la interpretación anterior,
entonces, es que el Derecho ya no se ve como un instrumento relativamente pacífico con el que los
opresores se imponen a los oprimidos, sino que responde a la un conflicto real y constante que traducirse
en cambios relativamente rápidos y sin que medie revolución alguna.
Más allá, el conflicto no se ve solamente en términos de clases, sino que el conflicto se contempla
desde diversos puntos de vistas: razas, culturas…
Como vemos, este paradigma (es un modelo o patrón en cualquier disciplina científica u otro contexto
epistemológico) contiene más de una interpretación del conflicto social. Pero, puesto que el Derecho es
sobre todo un instrumento de grupos privilegiados o que llegan a prevalecer a la hora de reafirmar sus
intereses. La labor fundamental de la criminologíadebe ser el estudio del propio Derecho y de su
producción. Por lo que a la Criminología respecta, no es preciso defender una tesis consensual de la
sociedad, sino que bastaría con mostrar que el Derecho penal o al menos su núcleo básico sí responde a
valores e intereses generales, más o menos ampliamente compartidos y que favorece el bien común.
Algunos autores han defendido una postura ecléctica (eclecticismo: modo de juzgar u obrar que
adopta una postura intermedia, en vez de seguir soluciones extremas o bien definidas), afirmando que la
sociedad no puede comprenderse ni desde el punto de vista del menor consenso ni desde el del puro
conflicto, sino que se precisa una mirada intermedia. Así, Akers se refiere a la teoría pluralista del
conflicto, la cual caracterizaría a las sociedades democráticas contemporáneas, dentro de las cuales tienen
cabida conjuntos heterogéneos de valores e intereses. A su tenor, en nuestras sociedades existen diversos
grupos e incluso movimientos sociales desorganizados que tratan de imponer sus intereses a través de un

sistema legislativo y gubernamental que consideran legítimo. Además, aunque estos grupos puedan
imponer sus intereses, las leyes también reflejan a menudo los intereses generales de la sociedad.
Esta postura ecléctica descansa, a juicio de Maíllo, en un malentendido. Ninguna posición defiende
que en una sociedad todos estén siempre de acuerdo en todo ni que todo lo que acontezca responda sólo a
intereses de determinados grupos. Sin duda, los teóricos del conflicto conceden que las agresiones
atroces tenderán a perseguirse independientemente de quién las realice y los consensualistas que
determinadas normas responden sin duda a intereses de grupos particularmente que han ejercido con éxito
presiones políticas. Ambas tesis puede compartir muchas cosas. Lo que se discute, entonces, es si en una
sociedad predomina en general el consenso o el conflicto; y, más concretamente, si las leyes penales
protegen por regla (o sea, que hay excepciones) valores e intereses comunes o de ciertos grupos
poderosos. La postura ecléctica, pues, no puede contestar la pregunta decisiva.