Sobre Criminologia Investigativa.

Criminologia Investigativa  surgiu a partir de uma idéia social, na qual realizando um TCC em 2004, obtive a experiência  de trabalhar com jovens carentes de uma determinada localidade de Sao Paulo/ Brasil, onde estudos realizados com base no E.C.A. Estatuto da Criança e Adolescente, e Direitos do menor, foram  a “chave” e o incentivo ímpar para a criaçao desse Blog. E conjuntamente com a Criminologia, e as mais diversas teorías, foram criados tais artigos que com base na Justiça do menor e a não observação da lesgislação correta pelos devidos responsáveis, fora formada uma ideia singular.

 

Expert em Criminologia desde 2007 pela UNED, Madrid, Espanha e Licenciado em Direiro pela Unicsul, Sao Paulo/ Brasil, e  sob a responsabilidade de Anderson Alves Ribeiro, especializado em criminologia, possui como principal atuação a área criminal e especial atenção aos Direitos Humanos e Da Criança e do Adolescente, realizando um trabalho personalizado, com observância cuidadosa às especificidades e particularidades de cada caso e as devidas teorias, em respeito às necessidades de elaborar uma teoría chave para erradicar tal conflito. O crime e o abuso infantil possui, ainda, extensão nas áreas de direito Internacional, Extranjería, Tributário, sob responsabilidade e com a colaboraçao de profissionais especializados e altamente qualificados em cada área de interrese  sob a otica da criminología.

 

Com esse blog, venho tentanto alertar de modo pacífico as autoridades responsáveis , para a devida busca e apoio, aos menores carentes que em estado criminógeno, estão tentando buscar meios ilícitos para sobreviverem nesse mundo em que as oportunidades nao existem se você não as cria, abusos constantes da legislação são observadas na pele desses menores que quando não conseguem  uma saída viável ao mundo capitalista que os rodeam, estao inceridos no mundo do crime muitas vezes por falta de opção legal.

 

Criminologia Investigativa aos olhos do seu criador e com o apoio dos colaboradores tenta buscar a melhor teoría para um conflito que parece estar radicalmente insserido em nossa comunidade através do crime, muitas vezes brutal e sufocante, que em dias atuais deixa toda a  comunidade de um país em perfeito estado de guerra.

 

Não obstante, com tamanha tarefa e com um arduo caminho adiante, não há duvida que em questao de teorías o único caminho é o trabalho empirico, somente o caminho do bem e do amor será possível para  buscar uma solução para ese conflito.

 

Acredito que o apoio correto e com  parceiros adequados, estarão interessados em mudar essa realidade e que essa jornada, em busca de uma teoría final, seja de uma vez a nova condiçao de vida, com condições dignas e uma vida que todos merecem.

 

Respeito ao cliente, seriedade à causa e estudo constante são os compromissos assumidos por este profissional, que atua de forma séria e que busca uma justiça digna para todos.

 

Bem vindo a Criminologia Investigativa!

  

 

Criminología Investigativa surgió de un contexto social, donde la realización de un TCC en 2004 ,obtuve la oportunidad y experiencia de trabajar con los jóvenes desfavorecidos en una localidad en particular Sao Paulo / Brasil, donde los estudios basados ​​en ECA, Estatuto del Niño y del Adolescente , y derechos del niño, eran la “clave ” y el incentivo para la creación de este Blog . Y junto con la Criminología , y varias teorías se han creado,  artículos sobre la base de la justicia y la no observación de una legislación correcta con la responsabilidad correspondiente, formado una idea singular .

 

Experto en Criminología desde el año 2007 por la UNED , Madrid, España , y licenciado en Derecho por la UNICSUL , Sao Paulo / Brasil, y bajo la responsabilidad de Anderson Alves Ribeiro , especializado en criminología, tiene como principal actividad la atención penal y especial para los derechos humanos y de los niño y del Adolecente, con un  trabajo personalizado , con especial respecto a las particularidades de cada caso y las teorías apropiadas , con respecto a las necesidades de desarrollo de una clave de la teoría a la erradicación de tales conflictos. La delincuencia y el abuso infantil también ha ampliado las áreas de Derecho Internacional , Extranjería , Impuestos, bajo la responsabilidad y con la colaboración de personal especializado y altamente calificado en cada área bajo la Ética de la criminología .

 

Con este blog, he estado tratando de advertir pacíficamente las autoridades encargadas de la búsqueda y el apoyo adecuado a los niños necesitados en ese estado criminógeno están tratando de buscar medios ilegales para sobrevivir en este mundo donde no existen oportunidades si no los crea , abusos en la legislación se observan en la piel de estos pequeños cuando no se puede hacer nada en el mundo capitalista que os rodean , están inseridos en el mundo del crimen a menudo por falta de opción legal .

 

Criminología Investigativa a los ojos de su creador y el apoyo de los colegas, tratan de buscar la mejor teoría para un conflicto que parece radicalmente inserido en nuestra comunidad a través de la delincuencia , a menudo brutal y asfixiante , que hoy sale a toda la comunidad de un país en perfecto estado de guerra.

 

Sin embargo , con una correcta tarea y arduo trabajo por delante , no hay duda de que las teorías y el trabajo empírico en cuestión son la única forma de que se lograra el camino de la paz, justicia y bondad por parte de y para todos, y el amor será clave para buscar una solución a ese conflicto.

 

Yo creo que con  el apoyo adecuado y con los socios adecuados , será posible cambiar esta realidad y este viaje en busca de una teoría final , es  la nueva condición de vida, y una vida digna que todos merecen .

 

El respeto al cliente , debido a la gravedad del problema a erradicar, y el estudio constante son compromisos de este profesional, comprometido en una seria y digna tarea, que busca una justicia para todos.

 

Bienvenido a la Criminología Investigación !

“La criminología como ciencia del delito” breves apuntes.

I. LA CRIMINOLOGÍA.
Las teorías criminológicas, como ciencia social, no sólo se componen de afirmaciones más o menos
explícitas sobre el delito y los delincuentes, sino que conllevan todas las teorías una serie de asunciones
latentes. Cada teoría es coherente con alguna o algunas determinadas concepciones del ser humano, de la
sociedad, de las políticas criminales, etc. Para Henry, existe “ cinco dimensiones analíticas interrelacionadas
que se encuentran en el corazón de cualquier teoría criminológica. Las dimensiones son: a) la
naturaleza humana y el comportamiento humano, b) la sociedad y el orden social, c) el papel de la ley, la
definición del delito y la imagen del delincuente, d) la lógica central; y, e) la implicaciones de justicia criminal.
¿Qué es la criminología según Sulthernal? “ elcuerpo de conocimientos sobre el delito como
es
fenómeno social. Incluye dentro de su ámbito los procesos de elaboración, infracción y de la
reacción a la infracción de las leyes”; también se ocupa de la extensión del fenómeno delictivo.
Funciones de la Criminología:
a) Su principal actividad se el estudio de las causas del delito, o sea, en explicarlo (función
etiológica). Existen distintas teorías que ofreces explicaciones sobre las causas del delito: como las del
aprendizaje, el control, la frustración, la desorganización social o la anomia.
b) Contribución a las formas de respuesta al delito, o sea a su control o prevención. La Criminología
contribuye a la Política criminal.
c) El estudio científico también incluye la medición o extensión del delito, esto es cuántos delitos se
comente en un cierto período de tiempo en una unidad espacial dada, como puede ser en un país, una
región o un barrio.
d) Estudio de los procesos de cómo y por qué se elaboran las leyes, y más concretamente las
penales.
e) También es imprescindible estudiar por qué unos hechos se definen como delictivos y otros no
y, por qué unas leyes se aplican con rigor y otras no tanto; y, si intereses de grupos particulares influyen
decisivamente en el proceso.
2. LA CRIMINOLOGÍA COMO CIENCIA:EL RECURSO AL MÉTODO CIENTÍFICO.
La aspiración de la Criminología es la aplicación del método científico, propio de las ciencias
naturales, al estudio del comportamiento humano. Esta opción se traduce en la descripción y explicación de
la realidad sobre la base de dos columnas: la teoría y la observación de hechos empíricos, a la
experimentación, a la experiencia… sobre todo porque mediante la observación es posible saber si una
determinada teoría o una hipótesis es falsa o bien verosímil y puede confiarse en ella. Así, en Criminología
es decisivo la metodología a través de la cual se realizan observaciones del delito y de los delincuentes
con técnicas tales como la observación participante, las entrevistas, las estadísticas oficiales, los
cuestionarios de autoinforme… La ciencia se centra en aquello que sea observable con una cierta

minuciosidad. Una de las aspiraciones del conocimiento científico, es ir más allá, es superar el sentido
común.
3. LA IDEA DE CIENCIA Y SUS LIMITACIONES.
1 EL CRITERIO DE LA REFUTACIÓN.
¿Cuándo puede considerarse que un sistema es científico y diferenciarlo así de los otros que no lo son?
Según Popper, un sistema científico consiste en un conjunto de hipótesis interrelacionadas que
pueden someterse a contrastación a través de la observación de los hechos. Científico será todo
sistema o hipótesis que puede ser negado mediante hechos observables. Esto es conocido como criterio de
refutación y sirve para separar –demarcar- la ciencia de cualesquiera otros saberes. El principio de
refutación propone construir teorías, derivar hipótesis de las mismas por deducción y someterlas a
refutación.
La clave para decidir si nos encontramos ante un saber científico, reside en comprobar si puede ser
sometido a refutación, es decir, si es posible encontrar algún hecho empírico que lo contradiga. Uno de los
ejemplos más conocidos en que se ha denunciado la irrefutabilidad de un sistema pretendidamente
científico es el psicoanálisis de Freud y sus seguidores.
Una hipótesis –de una teoría deriva la hipótesis- es científica solamente cuando puedan encontrarse
hechos observables contrarios a la misma, que la contradigan y que sean capaces de refutarla. Ahora bien,
una teoría puede ser fácilmente refutable y otra sólo de manera muy débil: la refutabilidad es una
cualidad graduable. Por este motivo, el principio de refutación propuesto por Popper además sirve para
evaluar las diversas teorías científicas, o sea decidir su valor científico e incluso para compararlas entre
ellas y establecer cuál es superior o preferible.
Ej. De la teoría del aprendizaje se deriva la hipótesis de que uno primero se echa amigos delincuentes y
luego delinque. La investigación empírica puede decirnos si esto es verdad o no (puede ser que primero uno
delinca y luego se eche amigos delincuentes, como hipotetizan las teorías del control).
2 CONSIDERACIONES CRÍTICAS SOBRE EL CRITERIO DE REFUTACIÓN.
El criterio de refutación (o racionalismo crítico) no carecen de problemas. Popper reconoce que su
doctrina no es completa o definitiva y que no es posible jamás presentar una refutación concluyente de una
teoría.
a) Cuando se observan unos hechos que contradicen una teoría es perfectamente posible que la teoría
no sea falsa, sino que la observación se haya realizado de manera defectuosa. No existen las
investigaciones perfectas y los errores pueden acabar en hallazgos falsos.
b) Por eso, la mayor parte de las veces se exigen varios estudios empíricos para establecer un hecho o
una observación y, en su caso, refutar una hipótesis. Esta repetición de observaciones se conoce como
replicación, y en las ciencias naturales suele exigirse la replicación de observaciones para que se acepten
por la comunidad científica. Por diversas razones, las replicaciones son muy difíciles en las ciencias
humanas y sociales.
c) Es legítimo que ante una refutación el teórico simplemente modifique la teoría ad hoc de manera que
pase a ser compatible con la observación.

d) En la Historia de la Criminología son muy raros los casos en que una teoría se refuta. Algunas teorías
siguen teniendo plena vigencia y popularidad pese a que la evidencia en su contra es abundante. Cuando,
por el contrario, una teoría cae en desgracia las más de las veces lo que parece haber es mucho más un
mero abandono por razones poco claras que una verdadera refutación. Finalmente, no es raro que cuando
una teoría parecía haber sido refutada y abandonada, con el paso del tiempo vuelva a defenderse por
nuevos teóricos.
3 LA APLICABILIDAD DEL MÉTODO CIENTÍFICO.
La aplicación del método científico al estudio del delito, tal y como propone la criminología
mayoritaria contemporánea, no es aceptada pacíficamente. Aunque las dificultades han sido reconocidas
desde hace tiempo. Sólo se pretende que los métodos de las ciencias naturales se apliquen en la medida
de lo posible, este procedimiento es especialmente prometedor sí se quiere disponer de conocimientos
verosímiles sobre la naturaleza, etiología y extensión del delito y sobre todo las posibles respuestas al
mismo y para evitar consiguientemente enfoques básicamente ideológicos o incluso de mero intercambio de
eslóganes.
El positivismo ha recibido una impresionante avalancha de críticas, y desde luego sus dos puntos de
partida se han moderado mucho desde el siglo XIX. Las críticas constituyen un abanico muy amplio que se
extiende de este lo epistemológico a lo ideológico, y así se ha llegado a acusar incluso de ser un
instrumento que favorece a los poderosos. A pesar de todo y con más o menos modificaciones, ha
sobrevivido hasta nuestros días.
La alternativa que suelen presentar los críticos más reputados no es la especulación desconectada de
la realidad ni el análisis ideológico o de cariz puramente político sino la investigación (empírica) sería de
tipo cualitativo, compresivo que suele encuadrarse en el amplio marco de la llamada hermenéutica.
Adorno “ que se discute no es la investigación empírica o su omisión, sino su interpretación… Ningún
lo
investigador social sensato puede pretende sustraerse a la investigación empírica” la especulación
,
desenfrenada “ ha puesto a sí misma en una situación extremadamente delicada con teorías como la de
se
que la raza es un factor decisivo en la vida de la sociedad” .
MAILLO, está perfectamente justificado que la criminología recurra al método científico para el
estudio del fenómeno delictivo.
a) El mejor argumento a favor de su viabilidad para el estudio del delito viene dado por éxitos que ha
proporcionado ya de hecho. Se trata, sin duda, de avances modestos y limitados, pero en definitiva gracias
a la aplicación de este método existe hoy en día un cierta confianza en la existencia de ciertos correlatos e
incluso causas del delito e incluso sobre prometedoras respuestas al mismo: la fuerte correlación que
existe entre edad y delito, o género y delito, hechos empíricos como la continuidad y el cambio o la
relevancia causal de la socialización en la familia, sólo han sido posibles de establecer con seguridad
cuando se ha recurrido al método científico.
b) El comportamiento humano no sólo es susceptible de reflexión teórica sino que entra dentro de los
fenómenos observables.
c) El positivismo es una empresa optimista, que anima a los investigadores porque les ofrece el
progreso científico y, quizá, mejoras sociales. Pues bien, advierte Popper, este optimismo promueve la
investigación, mientras que su negación en la práctica suele conducir a un cierto pesimismo que la paraliza.
4. LA CRIMINOLOGÍA COMPRENSIVA.
La criminología y las ciencias humanas y sociales aspiran a comprender su objetivo de estudio (en
nuestro caso al delito y el delincuente).

Siguiendo a Weber, la Criminología no sólo aspira a explicar, sino también a comprender el delito y al
delincuente, se trata de interpretar el sentido de la acción del sujeto, para lo cual el investigador ha de
procurar situarse en el lugar de quien ha realizado un hecho delictivo, tratar de ver a través de sus ojos, con
toda la carga emocional del contexto en que se produjo el hecho (o en el lugar de la víctima, del policía) o
en que viven habitualmente los sujetos. La criminología comprensiva (o enfoque) recurre a metodologías
cualitativas.
Naturalmente nada de esto es algo que pueda hacer la Física, por ejemplo respecto a la congelación del
agua ni tampoco la Criminología positiva basada en estadísticas o estudios de autoinforme, los cuales, a
la luz de estos estudios etnográficos, han de resultar necesariamente fríos y ajenos al verdadero drama que
supone casi siempre el delito. Esta metodología puede explicar por qué se delinque, pero no pude
ayudarnos a comprender cómo el sujeto veía la situación en que encontraba, qué le llevó a tomar la
decisión final, qué experimentó durante los hechos, si pensaba en la posibilidad de ser arrestado o tenía
miedo a sufrir una sensación… La orientación comprensiva en Criminología se refleja principalmente en
determinadas metodologías cualitativas como la observación participante o la entrevista en
profundidad.
La criminología comprensiva se inscribe en una ciencia empírica y positiva. Ambas metodologías
comparten muchos de los puntos de partida básicos, como son el establecimiento e incluso test de
hipótesis, la preocupación por la objetividad del investigador y de sus resultados o la preocupación por las
causas del delito.
A todo ello debe añadirse que los últimos quince años las heterogéneas metodologías cualitativas han
producido una serie de trabajos de enorme calidad científica que han tenido una acogida excepcional en la
criminología mayoritaria, positiva; y que muchos de estos trabajos ha mostrado una especial sensibilidad
por los temas de interés mayoritario.
5. LA NATURALEZA DE LA CRIMINOLOGÍA COMO CIENCIA: OBETIVIDAD, REALISMO Y
PROGRESO.
1. OBJETIVIDAD, REALISMO Y PROGRESO.
La ciencia aspira a ser objetiva, en el sentido de búsqueda de la verdad y de que sus propuestas sean
independientes de los puntos de vista de quienes las hacen.
El instrumento fundamental del objetivismo científico reside en el recurso a su metodología, que permite
hacer observaciones hasta cierto punto independientes de quien las haga y que pueden ser repetidas y
comprobadas por cualquier otra persona. De este modo, la ciencia confía en la existencia de un mundo real
independientemente de los sujetos que, aunque no se muestra en su totalidad ni puede ser abarcado
plenamente por el limitado conocimiento humano, sí que asegura que la ciencia puede aspirar a ser
objetiva y en este sentido es realista. Popper “ hecho de que no podamos obtener nunca certezas
el
definitivas, sino que precisamente cuando se refuta una hipótesis es que se ha tocado la realidad” .
2. AUTONOMÍA E INDEPENDENCIA CIENTÍFICAS.
La criminología es una ciencia autónoma e independiente. Tradicionalmente diversas disciplinas han
pretendido adjudicarse el estudio científico del delito; entre ellas destacan la ciencia del derecho penal, la
sociología, la psicología, la biología y la economía. Para ello, han propuesto definir el delito y el delincuente
conforme a sus propios esquemas; explicarlo de acuerdo con planteamientos o teorías particulares de su
ámbito; proponer el recurso a las metodologías que les son propias; o sugerir respuestas al fenómeno

delictivo coherente con sus intereses disciplinares. A veces, incluso se han encontrado intereses
particulares de los profesionales de cada una de estas disciplinas.
Esta tendencia se inscribe en el imperialismo disciplinar, es decir, el intento de imponer al estudio del
delito perspectivas propias de disciplinas concretas. A mayor abundamiento, las distintas disciplinas han
competido entre sí, criticándose fieramente y cayendo en lo que se ha denominado “ destrucción del
conocimiento” lo cual ha repercutido en algunos casos en un grave daño para una explicación plausible
,
del delito. Todos estos intentos disciplinares han fracasado rotundamente si se juzgan desde un punto de
vista científico sus propuestas para explicar y responder al delito. Así las cosas, sólo un estudio
especializado, independiente de cualesquiera disciplinas madre puede resultar prometedor para el estudio
científico del delito.
a) La criminología se caracteriza por tener un objetivo de estudio que le es propio y privativo como es
el delito como fenómeno individual y social. Entre sus funciones concretas se incluyen: la explicación
causal del mismo, los procesos de definición, su medición y contribuir a su prevención y control.
b) La criminología ha desarrollado teorías originales y ha establecido sus propias variables causales y
correlatos del delito.
c) La criminología tiene muchas más especificidades metodológicas.
d) La criminología es una ciencia que se caracteriza por una enorme exigencia a la hora de plantear
teorías sobre el delito o propuestas de prevención o control del mismo y a la hora de evaluar las mismas y
de proponer y desarrollar investigaciones empíricas; a la vez, posiblemente debido a ello, es una ciencia
modesta en sus conclusiones.
3. LA CRIMINOLOGÍA COMOCIENCIA LIBRE DE VALORES.
La criminología como ciencia libre de valores. Weber; quiere decir en realidad dos cosas:
a) Que ciencia por un lado y valores por otro se mueven en planos diferente: la ciencia no puede
decirnos qué valores son superiores.
La ciencia estudia aspectos empíricos de la realidad, de modo que no puede decirnos qué valores
éticos o políticos son superiores. La criminología positiva, verbigracia, puede decir si la pena privativa
de libertad tiene efectos preventivos o no, pero no puede decirnos si es buena o no.
b) Weber se refiere a si el profesor puede impartir ideología en sus clases. La respuesta a esta cuestión
tiene para Weber una naturaleza ética, de manera que no puede decidirse científicamente. De acuerdo con
una ciencia libre de valores, en todo caso, el profesor debería ser intelectualmente honesto y diferenciar
sus propias valoraciones por un lado y la constatación de hechos por otro. Afirma Weber que “ siempre que
un hombre de ciencia se presenta con sus propios juicios de valores cesa su plena comprensión de la
realidad” y que “ profeta y el demagogo no tienen su sitio en la cátedra”
el .
Introducción a la Criminología es favorable a esta idea:
a) Maíllo, el problema fundamental del voluntarismo (valores) es que suele tener consecuencias
desastrosas.
b) Pueden paralizarse las investigaciones porque no se piense que el problema es científico.
c) Hechos sospechosos no son tan indeseables a veces
d) Es probable que deban existir limitaciones éticas a las investigaciones, pero excepcionalmente.

1. EL DELITO Y EL PROBLEMA DE SU DEFINICIÓN: LA NORMALIDAD DEL DELITO.
En todas las sociedades conocidas existen y han existido una serie de conductas (delitos) que se ha
prohibido o bien han sido de obligado cumplimiento, bajo la amenaza de un mal. De acuerdo con el art. 10
CP son delitos “ acciones y omisiones dolosas o imprudentes penadas por la ley; y en sus libros II y III
las
describe una serie de conductas que, en efecto, castiga con penas. Aunque es difícil llevar a cabo una
caracterización de todos los delitos, en general éstos tenderán a ser; como señala Cerezo Mir; infracciones
graves de “ normas de la Etica social… de la sociedad” Los delitos no se tipifican de manera caprichosa,
las .
sino porque infringen normas sociales básicas.
Aunque pueda ser reprobable, el delito es un fenómeno normal de una sociedad. En efecto, no sólo
existe en toda sociedad conductas que pueden considerarse delictivas, sino que incluso parece que no
puede existir sociedad sin delito. Esto se conoce como el principio de normalidad del delito. Durkhein
afirmó que el delito, lejos de ser un fenómeno patológico, es un fenómeno normal de una sociedad, y que
incluso en una sociedad de santos habría delitos. El delito es funcional en el sentido de que contribuye al
funcionamiento de la sociedad. En efecto su verdadera función (la de la pena se impone a quien comete un
hecho delictivo) es mantener intacta la cohesión social, conservando en toda su vitalidad la conciencia
común. Durkheim, el delito es funcional para la sociedad porque:
a) El delito crea empleo.
b) Si un traficante es expulsado puede afrontar un desastre financiero.
c) El delito puede reducir el delito.
d) Las bandas de Chicago impidieron que el crack entrara en la ciudad.
Esto es paradójico porque está claro que la delincuencia supone también un costo para la sociedad, no
sólo en términos económicos directos e indirectos tanto para el Estado como para particulares, sino también
de sufrimiento para las víctimas y de miedo al delito para los ciudadanos en general. Los grupos con más
miedo tienen menos probabilidades de sufrir una victimación. Tiene tres representaciones:
a) Miedo cognitivo.
b) Miedo emocional.
c) Miedo operativo.
Como es fácil de comprender, el análisis y la medición de estos fenómenos, es de una complejidad
abrumadora.
2. EL PROBLEMA DE LA DEFINICIÓN DEL DELITO.
La Criminología estudia el delito. Una disciplina se caracteriza, entre otras cosas, por su objeto de
estudio (o variable dependiente): la autonomía e independencia de la criminología se justifican porque
estudia científicamente el delito desde un determinado punto de vista. Así, pues, ¿qué es el delito? y ¿quién
puede considerarse que es un criminal? El problema de la definición del objeto de estudio de la
Criminología es el más importante. Existen dos orientaciones: legal y natural.
1. LA CONCEPCIÓN LEGAL DE DELITO.

La idea de que el objeto de estudio de la criminología viene delimitado por el CP y las leyes penales
especiales, o sea la concepción legal del delito, se remonta a la Escuela clásica, tiene una larga tradición y
es, quizá, la más seguida en la doctrina española. De acuerdo con el principio de legalidad, para que una
conducta pueda considerarse delictiva ha de encontrarse descrita (tipificada) en las leyes penales. Todo lo
que no se encuentre tipificado en dichas normas no puede ser considerado delictivo por muy injustos o
dañino que pueda ser; a la vez, todas las conductas incluidas en dichos cuerpos legales se consideran
delictivas. De acuerdo con esta postura legalista, pues, el objeto de estudio de la criminología (delito) es
toda conducta injustificada que se encuentra tipificada en una ley penal, cometida sin justificación o
excusa y castigada por el Estado; y por delincuente o criminal ha de entenderse todo aquel que incurra en
una de dichas conductas. La ley penal define que es el delito.
El criterio legal es insatisfactorio desde un punto de vista científico:
a) No parece asumible que el objeto de estudio de una disciplina venga impuesto desde fuera de la
misma. Lo lógico es que cada disciplina defina ella misma qué va a estudiar y cuál es su contenido y
naturaleza.
b) El legislador (no sigue un criterio científicamente satisfactorio) es quien legítimamente establece qué
conductas son delitos, no sigue un criterio satisfactorio desde el punto de vista de la explicación causal de
los delitos, sino que predominan los históricos y de oportunidad. De este modo es difícil que pueda darse
una explicación científica general convincente de una materia en la que elementos irracionales y
contradicciones tienen una fuerte presencia.
c) Las leyes penales son irremediablemente vagas e imprecisas.
d) Las leyes penales son cambiantes: con relativa rapidez se tipifican nuevas conductas, mientras que
delitos tradicionales se redefinen o bien dejas de estar castigados.
2. LA CONCEPCIÓN NATURAL DE DELITO.
Tradicionalmente se ha defendido la necesidad de que la criminología definiera por sí misma su propio
objeto de estudio: ¿qué es el delito? y ¿quién es el delincuente?
Garofalo, propone un concepto natural del delito: delito sería la infracción de ciertos sentimientos
morales que sean fundamentales para una comunidad, independientemente de que estén tipificados
en las leyes penales o no (esta definición ha sido abandonada por ambigua).
Gottfredson y Hirschi ponen la definición de delito como todo acto de fuerza física o engaño
realizado buscando el beneficio propio. Sin embargo, no es asumible por diversas razones:
a) Resulta excesivamente imprecisa.
b) Muchos delitos no son engaños.
c) Algunos delitos no se realizan por propio interés.
Para Akers, el concepto implica que hechos que se han realizado por razones distintas al propio interés
no podrían considerarse delitos. A juicio Maíllo, sí sería posible encontrar un interés propio en casi todos los
delitos de las leyes penales, el problema, por lo tanto, sería más bien el de definir con precisión qué es el
interés propio y si no se trata de un concepto excesivamente amplio e impreciso.
d) Se incluyen muchos comportamientos que son irrelevantes para la criminología.
3. LA VIOLENCIA Y LA AGRESIÓN COMO OBJETOS DE ESTUDIO DE LA CRIMINOLOGÍA.

Debido a las insuficiencias científicas del concepto de delito que acabamos de ver, tanto desde el
punto de vista legal como natural, algunos autores han propuesto que una ciencia positiva debería fijar otros
objetos de estudio. En esta línea se encuentra, por ejemplo, el planteamiento de Fishbein, para quien la
investigación no debería centrarse en el delito per se ya que es una mera abstracción legal y no un
comportamiento real, sino en “ componentes del comportamiento antisocial que son susceptibles de
medición, estables y permanentes a lo largo de diversas culturas” como sería el caso de la agresión. Este
,
programa es perfectamente coherente con la apuesta de la esta autora por una ciencia positiva, pero sin
embargo no podemos compartirlo:
a) La mayoría de los delitos lo son contra la propiedad, o sea no agresivos ni violentos. Si hemos
decidido que debe existir una ciencia que estudie científicamente el delito como es la criminología, entonces
es preciso que se tenga en cuenta todos los fenómenos que entren bajo dicha denominación, o al menos el
mayor número posible de ellos. Como existen muchos hechos delictivos que no son agresivos, violentos… ,
estos conceptos sólo pueden dar razón de una parte mínima del fenómeno que pretende estudiarse.
b) Muchos comportamientos agresivos no son delictivos.
c) Es difícil definir agresión.
d) Algo parecido pude decirse respecto a la violencia: la mayoría de los delitos no conllevan violencia y
muchos actos violentos no son constitutivos de delito.
4. EL COMPORTAMIENTO DESVIADO.
Otras orientaciones mantienen que la criminología debe estudiar no sólo el delito, sino los
comportamientos desviados en general (el delito, de hecho, es en general un acto desviado).
Comportamientos desviados son conductas que infringen normas sociales, como es el caso de la
drogadicción o el alcoholismo.
El objeto de estudio de la criminología viene constituido por el delito, no por los comportamientos
desviados: conductas que infringen normas sociales. Tampoco es de recibo:
a) El estudio de la criminología se ampliaría demasiado, haciendo su labor mucho más difícil y
desviando su atención hacia comportamientos que en teoría no atentan tan gravemente contra intereses y
bienes ajenos, y que tampoco provocan una reacción oficial y formal mediante las sanciones estatales más
serias, como es el caso de las penas.
b) La desviación es un concepto esencialmente ambiguo y relativo, mucho más que el delito.
También puede aducirse que desviación y delito no se solapan en todos los casos.
c) Es competencia de la Sociología de la desviación
Sí son relevantes para la Criminología:
a) Es posible que una teoría criminológica sea tan amplia en su ámbito que incluso sea capaz de
explicar los comportamientos desviados.
b) En una investigación, Robins, encontró que diversos comportamientos desviados, incluido el
delito, tienden a concentrarse en los mismos sujetos: “ una amplia proporción de la población criminal
son personas… que no se relacionan, con escasa instrucción, carreras laborales precarias, relaciones
matrimoniales pobres, dependencia de agencias sociales, vagancia, abuso de la bebida, alimentación y
hostilidad frente a sus familias y conocidos”.

c) Esto es también coherente con el hallazgo de que los delincuente tienden a ser versátiles, o sea a
cometer hechos delictivos heterogéneos entre sí cuando se les presenta la oportunidad, y no a
especializarse en la comisión del mismo delito o grupos concretos de delitos. Algunos autores se refieren a
este fenómeno como la generalidad de la desviación, incluido el delito: tanto los delitos como otros
comportamiento antisociales tales como el consumo de drogas o alcohol, pero incluso los accidentes de
tráfico y otros tienden a concentrarse en las mismas personas o al menos en personas con las mismas
características. Cualquier teoría sobre el delito debería ser capaz de dar razón de esta generalidad de la
desviación y de hecho a mayoría de las teorías criminológicas lo son: este hallazgo empírico, como ocurre
casi siempre en criminología, puede explicarse de maneras diferentes.
d) Además, es posible no sólo que ambos tipos de comportamientos, desviados y delictivos, se
concentren en las mismas personas, sino que es incluso posible que respondan a la misma causa, con lo
cual se vuelve a presentar la posibilidad de que una única teoría etiológica pueda abarcar fenómenos tan
diferentes.
Estas reflexiones pretenden destacar que si bien la desviación en general no es por sí misma objeto
de estudio de la criminología, sí que puede ser relevante para la misma.
3. LA NECESIDAD DE UNA DEFINICIÓN CRIMINOLÓGICA.
Por diversas razones parece que la concepción legal del delito es insatisfactoria científicamente.
Una definición natural es deseable pero muy difícil de elaborar.
A pesar de estas dificultades, sugerimos una definición provisional de delito como: toda infracción
de normas sociales recogidas en las leyes penales que tienda a ser perseguida oficialmente en caso
de ser descubierta.
El delito es en primer lugar un comportamiento que viola normas básicas de una sociedad. Aunque
sin duda no es el único, sí es también el principal motivo por el que despierta la reacción de la comunidad.
Las leyes penales recogen básicamente las más graves de estas normas, y castigan su infracción a través
de sanciones formales impuestas por instituciones oficiales. Esta concreción de las normas básicas de la
sociedad en las leyes tiene lugar tanto en el momento de su elaboración legislativa como en el de su
interpretación por los Jueces y Tribunales y, en general, por todos los servidores de la Administración de
Justicia. El primer elemento de nuestra definición es, pues, la infracción de normas sociales recogidas en
las leyes penales. Hasta aquí coincide aproximadamente con una concepción legal.
Pero no todas las leyes penales son aplicadas en la práctica: muchos comportamientos que
posiblemente podrían calificarse de delictivos no son perseguidos por las instituciones cuando se
descubren. Ello es debido a que los recursos de que disponen las autoridades son limitados, pero también,
sin duda, a otras razones, como puede ser la posición de privilegio de quienes realizan tales conductas. En
general, las leyes que castigan los delitos más graves, tenderán a ser perseguidas más que las que
infringen normas menos importantes para la comunidad. A mayor abundamiento, cuando una conducta no
es perseguida, que esté o no incluida en la ley penal depende en buena medida del criterio del investigados,
con lo cual se incurre de nuevo en la imprecisión y en el voluntarismo. Por lo tanto, el segundo elemento de
nuestro concepto exige que la conducta tienda a ser perseguida en caso de ser descubierta
oficialmente.
En conclusión, es menester definir con una precisión mínima qué se entiende por delito, puesto que de
ello pueden depender críticamente las conclusiones que se alcancen. Todos los esfuerzos, sin embargo,
parecen reforzar la inferencia de que el delito es un concepto débil, lo cual representa una seria
dificultad para nuestra disciplina.
4. LOS DELITOS DE CUELLO BLANCO.

Para referirse a estos delitos de las clase altas que tendían a no aparece en las estadísticas oficiales.
Sutherland recurrió a hoy popular término de “ delito de cuello blanco: como el delito cometido por una
persona respetable y de alto status social en el curso de su ocupación” Para Sutherland, los delitos
.
de cuello blanco tenían una gran coste para un país, sobre todo económicos, superior al del delito común, y
además se encontraban bastantes extendidos. A pesar de ello era difícil que cuando se cometía la conducta
ilícita en cuestión se llegara a un arresto y no digamos ya a una condena. Los delitos de cuello blanco
tienden a no ser perseguidos por un proceso de aplicación diferencial de la ley; las personas de las
clases superiores tienen una mayor facilidad para no ser descubiertos, arrestados y condenados en caso de
incurrir en algún acto prohibido.
Pese a su complejidad, el concepto de delito de cuello blanco es muy impreciso y, por tanto,
inasumible científicamente. Es tan impreciso que resulta inútil desde un punto de vista científico: no se
sabe en qué consisten los delitos de cuello blanco y, en consecuencia, “ estas deficiencias ha hecho del
delito de cuello blanco un constructo estéril” Aunque intuitivamente se puede tener una idea de lo que
.
Sutherland quería decir con su definición, cuando se trata de precisarla de cara a una investigación teórica o
empírica se hace muy complicado decidir en qué consisten cada uno de los términos que la componen. El
problema se complica ya en la propia obra de Sutherland, en la que se refiere a comportamientos
muy diversos.
Si se entiende como una concepción legal, es menester no olvidar cuál es precisamente la pregunta
de Sutherland ¿es el delito de cuello blanco delito? ¡Sí¡ ¿es posible, pues, que existan delitos que no sólo
no los conozca la policía, sino que ni siquiera los autores o sus víctimas sean conscientes de su ocurrencia?
¡Sí¡. Para que constituyan delito en sentido estricto es suficiente con que estén tipificados en las leyes
penales.
El problema fundamental de esta postura es que es el investigador quien define qué es el delito.
Un mayor problema del delito de cuello banco es que proponer una noción de delito intuitivamente atractiva
pero que concede al investigador una gran flexibilidad para definir como delito lo que crea conveniente.
Existen muchas conductas que, con una lectura literal de las leyes penales, pueden ser constitutivas de
delito pero que sin embargo no se persiguen.
La inexactitud de la ley penal es imposible de evitar. En ese margen puede tener cabida muchas
conductas que puede ser; voluntad del intérprete, atípicas o cifra negra. Ello se traduce en la práctica en
que, con la ley en la mano, siempre es posible imaginar innumerables conductas que podrían considerarse
constitutivas de delito, pero que en la práctica no se persiguen.
La idea de delito de cuello blanco ha tenido un impacto enorme entre muchos criminólogos y penalistas,
y también a nivel popular. El impacto de delitos de cuello blanco ha sido mucho más ideológico que
científico. Molia “ puede ignorarse, sin embargo, que la significación de este nuevo tipo criminal… va
No
inseparablemente unida a una actitud crítica y de denuncia del orden social y de la justicia penal” “ ; Mayor
interés tiene el trasfondo ideológico de la discusión doctrinal. Porque no puede olvidarse que el concepto de
delincuente de cuello blanco” de Sutherland es un concepto inequívocamente crítico y “ clasista” dirigido
,
contra personas que disfrutan de respetabilidad y de un alto estatus social” .
De hecho, dentro de los muy diversos usos que se les ha dado en nuestro ámbito socio-cultural,
destaca el que ve en los delitos de cuello blanco delitos que lo son pero que no son definidos como tales,
que no son detectados y perseguidos.
Para que exista el delito de cuello blanco no es preciso que ni autor ni víctima lo definan como tal, ni
que intervenga el sistema de Administración de Justicia, incluida la policía, ni, en definitiva, que la
comunidad reaccione. Quien decide si se ha producido un delito es el investigador. No puede extrañar
que el análisis de los delitos de cuello blanco se haya hecho más en términos voluntarios, políticos y
retóricos que científico. Si se puede definir libremente el objeto de estudio de la disciplina, no puede caber la
menor duda de que todas las consideraciones etiológicas, preventivas, sobre su extensión, etc. Quedan
también en manos del investigador.

5. TEORÍAS DEL DERECHO PENAL.
La definición de delito “ toda infracción de normas sociales recogidas en las leyes penales que
es
tienda a ser perseguida oficialmente en caso de ser descubierta” presupone que las leyes penales
responde en general y con mayor o menor concordancia a las normas generalmente aceptadas por parte de
la sociedad, por lo menos en los sistemas democráticos contemporáneos. Se trata de una concepción
consensual del Derecho penal.
Otras posturas, sin embargo, no comparten esta visión consensual del derecho, y proponen más bien
que la esencia del mismo responde a la naturaleza conflictiva de la sociedad. Se trata de las
concepciones conflictuales de la sociedad y del Derecho. Aunque sin duda la polémica entre esta
concepción y la consensual se remonta a los primeros filósofos de la humanidad, quizá una de las
propuestas modernas más conocidas sea la de Marx “ las sociedades coexisten clases sociales con
en
valores e intereses contrapuestos en abierta oposición y confrontación” En palabras de Engels “
. La
sociedad se divide en clases privilegiadas y perjudicadas, explotadoras y explotadas, dominantes y
dominadas, y el estado (… ) asume a partir de ese momento, con la misma intensidad, la tarea de mantener
coercitivamente las condiciones vitales y de dominio de la clase dominante con respecto de la dominada… ” .
Es menester aclarar que, para estas posturas, por supuesto, todas las clases tienen también algunos
intereses comunes. El Derecho penal es un buena media un instrumento de control de las clases
privilegiadas sobre las desfavorecidas. Quinney afirma “ realidad social del delito se construye
la
básicamente a partir de las concepciones del delito mantenidas por los segmentos más poderosos de la
sociedad y que el Estado ha utilizado su poder legislativo para definir como criminal lo que considera como
una amenaza para el orden social y político. El delito se ha convertido en un arma política que es utilizada
en beneficio de los que controlan los procesos del gobierno”
Para otra postura cercana, en la sociedad predomina el conflicto y no el consenso pacífico; sin
embargo, no es fácil que un mismo grupo logre que sus intereses prevalezcan siempre, sino que diverso
grupos luchan por imponerse en distintas cuestiones concretas. La Ley, y en concreto la ley penal y su
interpretación aplicación, es vista ahora como el resultado de estas luchas para la resolución de conflictos.
Así, para Turk nada es intrínsicamente criminal, sino que la criminalidad es una definición que aplican
aquellos con poder suficiente para hacerlo. La diferencia fundamental con la interpretación anterior,
entonces, es que el Derecho ya no se ve como un instrumento relativamente pacífico con el que los
opresores se imponen a los oprimidos, sino que responde a la un conflicto real y constante que traducirse
en cambios relativamente rápidos y sin que medie revolución alguna.
Más allá, el conflicto no se ve solamente en términos de clases, sino que el conflicto se contempla
desde diversos puntos de vistas: razas, culturas…
Como vemos, este paradigma (es un modelo o patrón en cualquier disciplina científica u otro contexto
epistemológico) contiene más de una interpretación del conflicto social. Pero, puesto que el Derecho es
sobre todo un instrumento de grupos privilegiados o que llegan a prevalecer a la hora de reafirmar sus
intereses. La labor fundamental de la criminologíadebe ser el estudio del propio Derecho y de su
producción. Por lo que a la Criminología respecta, no es preciso defender una tesis consensual de la
sociedad, sino que bastaría con mostrar que el Derecho penal o al menos su núcleo básico sí responde a
valores e intereses generales, más o menos ampliamente compartidos y que favorece el bien común.
Algunos autores han defendido una postura ecléctica (eclecticismo: modo de juzgar u obrar que
adopta una postura intermedia, en vez de seguir soluciones extremas o bien definidas), afirmando que la
sociedad no puede comprenderse ni desde el punto de vista del menor consenso ni desde el del puro
conflicto, sino que se precisa una mirada intermedia. Así, Akers se refiere a la teoría pluralista del
conflicto, la cual caracterizaría a las sociedades democráticas contemporáneas, dentro de las cuales tienen
cabida conjuntos heterogéneos de valores e intereses. A su tenor, en nuestras sociedades existen diversos
grupos e incluso movimientos sociales desorganizados que tratan de imponer sus intereses a través de un

sistema legislativo y gubernamental que consideran legítimo. Además, aunque estos grupos puedan
imponer sus intereses, las leyes también reflejan a menudo los intereses generales de la sociedad.
Esta postura ecléctica descansa, a juicio de Maíllo, en un malentendido. Ninguna posición defiende
que en una sociedad todos estén siempre de acuerdo en todo ni que todo lo que acontezca responda sólo a
intereses de determinados grupos. Sin duda, los teóricos del conflicto conceden que las agresiones
atroces tenderán a perseguirse independientemente de quién las realice y los consensualistas que
determinadas normas responden sin duda a intereses de grupos particularmente que han ejercido con éxito
presiones políticas. Ambas tesis puede compartir muchas cosas. Lo que se discute, entonces, es si en una
sociedad predomina en general el consenso o el conflicto; y, más concretamente, si las leyes penales
protegen por regla (o sea, que hay excepciones) valores e intereses comunes o de ciertos grupos
poderosos. La postura ecléctica, pues, no puede contestar la pregunta decisiva.

“O conceito de desvio no pensamento sociológico de Becker e sua contribuição para uma releitura crítica da culpabilidade na teoria finalista de Hans Welzel “

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O conceito de desvio no pensamento sociológico de Becker e sua contribuição para uma releitura crítica da culpabilidade na teoria finalista de Hans Welzel

Leandro Oliveira Silva

Professor de Direito Penal e Criminologia da Faculdade de Direito da UFJF
Resumo:
Passando por algumas das principais Escolas do Pensamento Criminológico, chega-se à análise do conceito de desvio no pensamento sociológico de Howard Saul Becker[1], na linha do Interacionismo Simbólico, com o objetivo de mostrar em que medida este conceito de desvio pode contribuir para uma releitura crítica do conceito de culpabilidade, especificamente no que diz respeito às categorias do livre arbítrio e do poder agir de outro modo (exigibilidade de conduta diversa), elaboradas no bojo da teoria do crime desenvolvida por Hans Welzel[2] (Teoria Finalista da Ação), no início da década de 30 do século XX, e que, nos dias atuais, são fortemente utilizadas em sede dos julgamentos criminais no Brasil.
Palavras-chave:
Desvio – Desvio Primário e Secundário – Reação Social – Rotulação – Culpabilidade – Exigibilidade de Conduta Diversa – Poder Agir de Outro Modo – Finalismo – Indemonstrabilidade – Legitimidade – Livre Arbítrio. Criminologia.
1- ESCOLAS DO PENSAMENTO CRIMINOLÓGICO:
O pensamento criminológico, de viés marcadamente biológico e psicológico, centrado em fatores individuais, construído no âmbito da Escola Positiva por pensadores italianos como LOMBROSO[3], FERRI[4] e GAROFALO[5], já está, há muito, superado. Tal Escola nasce no florescer crescente das ciências da natureza (segunda metade do século XIX), caracterizada pelo método positivo (Positivismo Científico), cuja influência levou muitos pensadores a pretenderam uma adequação das investigações dos problemas sociais a paradigmas do método científico então reinante, marcado pela técnica do observar, descrever e demonstrar (empirismo). Pretendeu-se, assim, dar explicação à criminalidade (o crime e o homem criminoso) a partir de tais parâmetros de investigação, imprimindo às investigações e interpretações dados biopsicológicos. Lombroso desenvolveu a idéia do tipo antropológico do criminoso (genus homo delinquens – delinqüente nato), defendendo a tese de que há, no delinqüente nato, uma predisposição natural e inata, formada por caracteres biopsicológicos do indivíduo que o fazem um agente em potencial para o cometimento de crimes. No fulcro aberto por aquela predisposição natural, as circunstâncias da vida (o mundo circundante) darão conta de ativar, de forma definitiva, a personalidade criminosa, favorecendo a manifestação de uma vida de delinquência. Por outro lado, Ferri amplia os horizontes traçados por Lombroso, na medida em que aponta três fatores do crime – antropológicos, físicos e sociais –, compreendendo que as condições sociais e econômicas são importantes fatores criminógenos. Para Garofalo (apud BRUNO, 2003, p. 65), o crime “está sempre no indivíduo e é a revelação de uma natureza degenerada, quaisquer que sejam as causas, antigas ou recentes, dessa degeneração”. Prossegue o autor, afirmando que “o fundo do caráter criminoso é uma anomalia psíquica, uma anomalia moral” (Ibid, p. 65). Para ele, não se tratava de uma anomalia física, orgânica, segundo a visão esposada por Lombroso. Enfim, o arcabouço teórico da Criminologia Positivista centra-se na Etiologia, ou seja, na busca pelas causas do crime através da análise de fatores antropológicos, físicos, biológicos e sociais.
Hodiernamente, num salto qualitativo, a sociologia norte-americana, um dos maiores celeiros das mais importantes teorias sociológicas, percebe a criminalidade, em linhas gerais, como uma reação dentro de uma estrutura social. A busca investigativa não está mais focada na Etiologia Criminal, mas, especialmente a partir de Becker, houve uma mudança de paradigma, de modo a focar a investigação no controle e reação social formal, na reação social em relação ao crime e ao criminoso. A seguir destacam-se, numa breve passagem, as mais importantes escolas do pensamento criminológico marcadas por uma abordagem sociológica do fenômeno da criminalidade.
A Escola de Chicago (1920), também chamada de Escola Ecológica, identifica uma sociologia urbana, cujo ponto fundamental consiste em mostrar que o comportamento humano é delineado por fatores ambientais; tem por cenário e laboratório a cidade norte-americana de Chicago, que sofrera um crescimento desorganizado com o seu processo de industrialização, inclusive com a chegada de imigrantes asiáticos, fazendo-a experimentar as mazelas deste crescimento desordenado, tais como a pobreza, a violência e a formação dos ghettos[6]. Na visão da Escola de Chicago, a Sociologia deveria apontar soluções para os problemas da cidade de Chicago, valendo-se de uma pesquisa participante (Observação Participante)[7], pela qual o pesquisador faz uma imersão na realidade, participando diretamente do objeto de sua investigação.
Na linha de pensamento daquela Escola, destacam-se, na Teoria da Desorganização Social (Social Disorganization Theory), autores como Willian Thomas[8], Florian Znaniecki[9] e Robert Park[10] (TRAUB & LITTLE, 1994, p. 56-63). A Teoria da Desorganização Social, de Thomas e Znaniecki (1918), sustenta que a criminalidade está relacionada ao desfazimento dos vínculos de origem e à debilidade dos novos vínculos organizacionais criados (falta de referenciais), especialmente quando se refere aos imigrantes poloneses lançados no mundo da criminalidade. O objeto da pesquisa estava centrado na análise da (des)organização do espaço urbano e a criminalidade. Assim, a cidade, esse ambiente ecológico, produz, por sua desorganização, a criminalidade, com a deterioração das relações interpessoais e da família, com a perda de referenciais e a superpopulação.
Ainda na Escola de Chicago, Ernest Burgess[11], com a Teoria das Zonas Concêntricas, mostra que as cidades não crescem dentro de seus limites, mas se expandem a partir de seu centro e formam zonas, como as ondas que se formam ao se jogar uma pedra numa lagoa. As pessoas distribuem-se nessas zonas concêntricas, destacando-se a “Zona II” (Ibid, p. 65), em que localizam-se os cortiços, a gente pobre, a mão de obra para as indústrias, bancos e comércios, lugar onde não há laços de solidariedade, há muitos conflitos; para esta Zona II é que se dirigem os imigrantes.
Enfim, a Teoria Ecológica da Criminalidade (Escola de Chicago) vê uma importância etiológica no fator ambiental diante da nova engenharia das cidades, a nova geografia urbana, com a formação de centros e periferias, ambiente propício à patologia social, à marginalização, discriminação e rejeição, ingredientes suficientes para promover a “invisibilidade social” das pessoas. Tal teoria supera a visão etiológica da delinqüência do positivismo italiano (Lombroso, Ferri e Garofalo), inaugura um novo paradigma reformista, apontando para a necessidade de uma política criminal voltada para a comunidade local através de políticas sociais que deveriam reconstruir a solidariedade humana na cidade (urbi, city).
Com especial importância, surge a Teoria da Associação Diferencial – Theory of Differential Association – (TRAUB & LITTLE, 1994, p. 188-195), de Edwin Sutherland[12], fortemente influenciada pela Escola de Chicago, segundo a qual a criminalidade decorre da associação e interação com o meio no qual o indivíduo foi inserido, dele recebendo influxos para a delinqüência. Assim, a criminalidade é social e não antissocial. Para Sutherland, a associação diferencial é um processo através do qual os indivíduos aprendem, via comunicação e convivência social, a cometer crimes, inclusive aqueles tipos criminais que requerem um certo de grau de habilidade e conhecimento; salienta que esse processo não é exclusivo de pessoas de classes sociais mais baixas, envolvendo não somente a formação de gangues, mas também a atuação de grupos empresariais para o cometimento de infrações ligadas às fraudes fiscais, manipulação de informações privilegiadas no mercado de capitais.
Destaca-se ainda a Teoria da Anomia, inspirada pelas obras clássicas de Emile Dürkheim e desenvolvida por Robert Merton[13] (MERTON, 1970, p. 191-234). O autor chama a atenção para a existência de “espaços anômicos” na sociedade, o que leva os indivíduos a perderem as referências normativas, criando, assim, uma sociedade cada vez menos solidária; ocorre um desequilíbrio entre as necessidades e os meios de satisfação destas necessidades, desbordando-se para o crime, como forma de alcançar a realização de tais necessidades. Na análise da estrutura social e anomia, Merton aponta uma distância que se torna cada vez mais abissal entre, de um lado, a estrutura cultural (aquilo que a sociedade diz ser importante para realização, felicidade e bem estar e os meio legítimos e institucionalizados para alcançar tal estado de bem estar) e, de outro lado, a estrutura social (as reais possibilidades e chances de acesso aos meios pelos quais se poderia alcançar o referido estado de bem estar). Deste descompasso e abismo, surgem as formas individuais de adaptação ante a escassez dos meios apregoados como legítimos, ou seja, os indivíduos procuram encontrar meios (modos de adaptação) para alcançar os objetivos ou metas fixados culturalmente pela sociedade. Merton elenca cinco modos de adaptação – conformidade, inovação, ritualismo, evasão e rebelião –, mostrando o grau de aceitação ou rejeição por parte dos indivíduos dos meios legítimos e institucionalizados para atingir as metas; na medida em que há uma maior rejeição aos meios legítimos, maior o desvio e, por conseqüência, a anomia (MERTON, 1970, p. 213-230). Na Conformidade, o indivíduo aceita as metas culturais e os meios institucionalizados para alcançá-las, sem apresentar nenhum comportamento desviante. É um indivíduo que faz uma “carreira correta” (estudar, trabalhar, adquirir o bem estar). Na Inovação, o indivíduo adere às metas culturais, mas não o faz em relação aos meios institucionalizados, rompendo com o sistema e tornando-se um desviante na busca das metas culturalmente estabelecidas pela sociedade. No Ritualismo, o indivíduo não aprecia as metas culturais estabelecidas, acredita que nunca as alcançará, mas ritualmente respeita os meios institucionalizados para uma eventual tentativa de buscá-las. Na Evasão, a anomia é sobremodo evidente, encontrando-se neste modo de adaptação os párias da sociedade (mendigos, drogados, alcoólatras, prostitutas), pois não aceitam as metas culturais estabelecidas, nem os meios institucionalizados, nem as normas sociais, figurando como verdadeiros desviantes. Na Rebelião, há uma revolta contra as metas culturais fixadas, encaradas como insuficientes, inadequadas, ilegítimas, buscando-se a instauração de uma nova ordem social. O desvio e o desviante estão marcantemente presentes nos modos de Inovação e Evasão. Portanto, a Anomia consiste nisso: como não é possível atingir as metas culturais através dos meios tidos como legítimos pela sociedade, lança-se mão de recursos que desrespeitam as regras de comportamento socialmente aceitas, daí o comportamento desviante (o desvio), sobre o qual Becker discorrerá mais adiante.
A Teoria do Labelling Approach (Etiquetamento, Rotulação, Interacionismo Simbólico, Reação Social – 1960/1970) tem como paradigma reitor a reação social, conduzida pela política de controle formal, ao comportamento do indivíduo que comete o crime. Nesta linha do pensamento criminológico, destacam-se Erving Goffman[14], embora crítico em muitos aspectos da Labelling Approach, e o já citado Howard S. Becker. O fenômeno da criminalidade deve ser visto a partir da reação social formal: as instâncias formais do controle social, num processo altamente seletivo, especialmente no plano da criminalização secundária (atuação das agências oficiais de poder, tais como o Judiciário, o Ministério Público, a Polícia investigativa e repressiva), etiquetam, rotulam a figura do desviante. Nessa ambientação, aquele que comete um crime não se define por si mesmo, mas o delinqüente é aquilo que a reação social diz ser, etiquetando-o como um perigoso, ignóbil, estorvo ou nocivo. Para a teoria do Labelling Approach, o controle social formal, através de suas várias agências de poder, cria o desvio e o desviante. Neste processo de etiquetamento atuam fortemente os chamados empresários morais, especialmente a mídia. As agências de poder e os empresários morais, nesse processo criminalizante, focam a massa de marginalizados (pobres, negros, menores de rua – os pivetes –, prostitutas e outros desviantes) e a obra tosca da criminalidade, ou seja, crimes de fácil detecção, pois cometidos na rua, nos bailes populares, nas periferias, crimes burdos ou toscos.
Para Edwin M. Lemert (In TRAUB & LITTLE, 1994, p. 298-303), o desvio pode ser visto sob dois aspectos, o primário e o secundário. Sob o aspecto primário, o desvio se dá com a primeira ação delitiva do indivíduo (o primeiro delito), cuja realização pode ter se dado por qualquer necessidade pessoal; já o desvio sob o aspecto secundário se refere à inserção no mundo criminoso, com a reincidência delitiva, o que se dá a partir dos influxos da rotulação ou etiquetagem, ou seja, o indivíduo, depois de ter cometido o primeiro delito, é alocado num lugar tal em que passa a adquirir um novo status irremediável, o de desviante.
2- O CONCEITO DE DESVIO EM BECKER:
O conceito de desvio em Becker assume contornos diferenciados, possibilitando uma visão crítica da atuação das instâncias de poder ao reagirem ao fenômeno criminoso. O pensamento criminológico de Becker desperta indagações importantes sobre o que é o desvio e quem é o desviante; possibilita, enfim, entender melhor o que faz de um indivíduo um ser desviante; permite, em última análise, entender que o desviante é um produto elaborado a partir de algo (ou alguém) e não uma categoria que possui vida em si mesma, que existe sobre si mesma.
Nesta esteira de pensamento, pode-se dizer que as regras socialmente impostas produzem o desvio, que, por sua vez, produz o outsider. O outsider é a figura daquele que, por algum motivo – e não importa qual – se coloca fora do regramento socialmente arbitrado, apartando-se, então, de determinados padrões criados a partir deste regramento social.
Como dito alhures, anteriormente a Becker o foco da investigação sociológica sobre o crime estava na Etiologia do crime, ou seja, na busca de suas causas; as causas, por seu turno, se concentravam ora na sociedade, ora naquilo que se definia como desvio. Nesta perspectiva investigatória, que se dava a partir de padrões socialmente estabelecidos, o problema sempre estava com o desviante, ou seja, nele é que sempre havia algo de errado, que o fazia colocar-se fora do regramento imposto. Partia-se, então, do pressuposto de que o catálogo de regras e valores sociais estava certo, verdadeira corporificação do bem, imune às críticas. Assim, as indagações norteadoras das pesquisas destinavam-se tão somente aos desviantes, tais como: Por que as pessoas desviam das regras impostas? O que há de errado nelas, que as fazem desviar? Não se dava conta de questionar a estrutura social e suas incongruências e reações, mas, a partir de Becker, a investigação concentra-se na reação social (rotulação, etiquetamento) em relação ao cometimento de um ato criminoso.
A noção de desvio está ligada a comportamentos sobre os quais não há uma norma moral geral ou universal – o homicídio, por exemplo, não se enquadra no conceito de desvio, pois há uma moral universal de que é algo que deve ser punido –.
Enfim, o que vem a ser o desvio? O desvio é a sua própria interpretação. Nas palavras de Erving Goffman (apud BECKER, 2008, p. 13), aquilo que é interpretado como real é real. Assim, é condição do desvio a interpretação que se faz dele; o desvio é o que se diz ser desvio; desviante é o que se afirma ser desviante. Tal interpretação se realiza a partir de determinados padrões de comportamento socialmente fixados.
A idéia de desvio é relativa e possui duas facetas: o processamento criminalizante atua sobre os indivíduos etiquetados ou rotulados; os detentores do poder de julgar, a partir do conjunto de regras previamente imposto, vêem o desviante como um outsider, mas, por outro lado, o dito outsider vê os seus próprios julgadores como os verdadeiros outsiders. A intensidade com que alguém é considerado um outsider é igualmente relativa. Afinal, todos são desviantes. Alguns tipos de desvios, a que se denomina deslizes, são tolerados, de um modo geral, por todos; outros tipos de desvios são vistos com repugnância, pois os seus autores fogem, ou se colocam fora, de um padrão, conduta ou estilo de vida socialmente fixado. Os que se aproximam de nós, os consideramos como aqueles que cometem deslizes, os que se distanciam de nós, os consideramos como os verdadeiros desviantes, merecedores do enquadramento penal e da inflição punitiva.
O controle social se dá através de diferentes instâncias, sejam informais ou formais, cada uma com suas respectivas regras e sanções; aquelas se dão no âmbito das mais variadas relações sociais, como família, escola, religião, comunidades (e suas tradições); impõem-se por força da tradição, não menos imperativas e sancionadoras do que as últimas; e estas últimas, as formais, se dão no âmbito do poder constituído por força da Lei[15]. São estas instâncias do controle social que forjam o conceito de desvio, a partir da reação ao delinqüente.
O regramento imposto, seja ele formal ou informal, resulta da tarefa incumbida a um “corpo especializado” (BECKER, 2008, p. 16). No âmbito específico do Sistema de Justiça Criminal, observam-se dois momentos distintos de atuação das chamadas instâncias formais do controle social: a criminalização primária (elaboração do programa criminalizante primário, com a definição dos crimes e suas respectivas sanções penais através da atuação do legislador) e a criminalização secundária (a concretização do programa criminalizante primário, na medida em que atuam as instâncias oficiais do Poder Judiciário, do Ministério Público, da Polícia, dos Conselhos Tutelares, do Sistema Penitenciário, para adultos, e do Sistema Sócio-Educativo (Correcional) para crianças e adolescentes infratores.
A concepção de desvio pode ser puramente estatística; pode assumir ainda uma variação patológica, mas o que tem importância aqui é a concepção sociológica do desvio, pela qual se conhecem o desvio e o desviante a partir das regras socialmente impostas e da reação social à figura daquele que se tornou um desviante. Como foi dito no início deste tópico, o desvio e o desviante são um produto elaborado a partir de algo (ou alguém) e não uma categoria que possui vida em si mesma, que existe sobre si mesma.
Aqui está a pedra de toque da concepção sociológica do desvio: se o desvio e o desviante são o produto das regras socialmente impostas e das reações sociais ao desviante, logo, o que merece, em primeiro tempo, uma investigação atenta da Sociologia e da Criminologia, é a própria Sociedade e suas Instituições. Assim, a Lei cria a infração; quanto mais leis, mais infrações; quanto mais infrações, mais outsiders, sobretudo, quando as regras se imiscuem na seara da ética e da moral. Os outsiders são gerados comumente no processo de criminalização da pobreza, da arte de rua, dos moradores de rua, dos movimentos sociais, daqueles que assumem um estilo de vida e conduta diferente dos padrões socialmente estabelecidos. A sociedade e suas Instituições bitolam a figura do desvio e do desviante, cria os seus milhares de outsiders.
Portanto, a Lei (o Sistema Legal) cria o desvio. Este não é qualificativo do ato de quem infringe a regra. Aquele que desvia (desvio primário) ganha um rótulo de desviante e isso produz um discurso, com grave equívoco, de que o desvio é inerente ao ato desviante, de que ele, o desviante, é quem perversamente gera o desvio. O desvio é um produto da Lei e que se vincula ao indivíduo por meio da rotulação social de desviante. O desvio é, em última análise, um rótulo gerado pela Lei e imposto àquele que, por algum motivo, se coloca fora dela (outsider).
As pessoas rotuladas de desviantes não compreendem uma “categoria homogênea” (BECKER, 2008, p. 22), seja porque nem todos os ditos desviantes de fato infringiram uma regra, seja porque nem todos foram apanhados pelo sistema, ou seja, há uma cifra oculta que não entra na análise. Portanto, não há homogeneidade. É uma categoria cientificamente insegura para a pesquisa.
Como afirma Becker, o desvio não é uma qualidade simples, que pode ser tomada sem reservas, com apanágios de verdade, mas é o resultado de um processo que envolve regras impostas, reações sociais (rótulos) àqueles que as infringem. Não é um dado ontológico, mas um dado sociológico:
O desvio não é uma qualidade simples, presente em alguns tipos de comportamento e ausente em outros. É antes o produto de um processo que envolve reações de outras pessoas ao comportamento. (BECKER, 2008, p. 26)
A idéia de desvio é também relativizada no tempo e no espaço, de modo que uma conduta pode ser entendida como desvio em um lugar, e em outro não; em um tempo, e em outro tempo não. É relativa também quanto a quem a comete: se cometida por alguém pode ser desvio, mas se cometida por outra pessoa, pode não ser desvio.
Assim, o desvio não é também qualquer violação à regra imposta, não se tratando do confronto meramente formal entre o que se prescreve em um dado modelo de conduta e a conduta materialmente ocorrida no mundo dos fatos; desvio não é sinônimo de violação de regra; trata-se, em verdade, de algo mais refinado: desvio e desviante são o produto das reações que outros têm sobre determinada conduta violadora das regras impostas. Então, desvio é a reação e não propriamente o ato, em si mesmo considerado, de violar uma regra. Portanto, pode-se afirmar que todos infringem regras, de um modo ou de outro, com maior ou menor intensidade, mas nem todos são desviantes.
A rotulação de desviante acaba transpondo os limites do cometimento do ato violador da regra, de forma que o desviante passa a ser encarado como tal e, por conseguinte, indesejável em muitos aspectos de sua vida social, inclusive relativamente a searas que não guardam nenhuma vinculação com o desvio propriamente: será sempre encarado como um criminoso em potencial, como um “violador das regras”; sempre terá dificuldade de aceitação pela sociedade, especialmente no mercado de trabalho, o que gerará a marginalização.
A reação das pessoas, que constrói a figura do desviante, gera o desvio quase que como um estilo de vida ao qual deve submeter-se o desviante. Aquele que se desviou não encontra na sociedade, especialmente no mercado de trabalho, “linhas alternativas de ação”, tendo, como única alternativa, enveredar pela criminalidade, inclusive para garantir a sua sobrevivência. Vê-se, então, que a reação gera o desvio, a partir do cometimento de um ato violador da regra, mas o desvio se perpetua vida afora, colocando o indivíduo num “círculo desviante” (BECKER, 2008, p. 45-47), do qual é muito difícil sair. Portanto, basta o desvio primário para ser sempre um desviante.
3- O CONCEITO DE CULPABILIDADE EM WELZEL:
No início da década de 30 do século XX, Hans Welzel, com base em dados ontológicos, constrói sua teoria do crime, que veio a ser conhecida como “Teoria Finalista de Ação” ou “Finalismo”.
A Teoria Finalista da Ação construiu-se sobre uma base ontológica, libertando-se do conceito causal-mecânico de ação construído no bojo da Teoria Causalista por Franz Von Liszt[16] e Beling[17] – esta última teoria guiou-se pelo método científico próprio das Ciências da Natureza (Positivismo Científico do início do século XX). Hans Welzel afirma:
As condições da possibilidade da experiência são ao mesmo tempo condições da possibilidade dos objetos da experiência. Disso se deduz que as categorias do conhecimento são também categorias do ser, isto é, que não são apenas categorias gnoseológicas, mas (de modo primário) categorias ontológicas. (WELZEL, 2001, p. 13)
Não se cuida, neste trabalho, de analisar o conceito de ação desenvolvido por Welzel, de modo a refletir sobre as categorias ontológicas que o compõem. A preocupação foca-se na culpabilidade; relativamente à ação, basta dizer por ora que, enquanto categoria ontológica, é o exercício de uma atividade final; é, portanto, um acontecimento dirigido voluntária e finalisticamente e não puramente causal-mecânico; a finalidade, pondera Welzel, é vidente, enquanto a causalidade é cega; assim, não há ação se não for uma trajetória voluntária e finalisticamente dirigida. O homem, detentor do conhecimento dos processos causais ordinários e de suas possíveis conseqüências, designa-lhes a finalidade. Sem a vontade, a ação reduzir-se-ia a um processo causal cego. Assim, a vontade e o seu conteúdo (dolo e culpa) não se separam da ação; a vontade é reitora do acontecer causal; toda ação é provida deste dado finalístico, e sobre esta base ontológica incide a finalidade. Atrelar a vontade à ação significa emprestar a esta um caráter ou sentido social que a torna penalmente relevante, podendo-se falar, então, em desvalor da ação. Na medida em que se empresta sentido finalístico à ação, pode-se falar em ação injusta, em tipo de ação injusto. Atribuir o elemento finalístico à ação significa poder atribuir-lhe a noção do injusto, pois, se a ação se reduzisse apenas a um processo causal mecânico, não se poderia falar em ação socialmente injusta.
É exatamente sobre a ação socialmente injusta e finalisticamente dirigida, contrária ao ordenamento jurídico posto, que incidirá o juízo de censurabilidade ou reprovabilidade. Trata-se da “reprovabilidade da resolução de vontade”; esse juízo de reprovabilidade é “uma qualidade negativa própria da ação do autor”. (WELZEL, 2001, p. 88-89). É, portanto, uma reprovabilidade pessoal em função do cometimento de uma conduta socialmente injusta. Tal juízo é o que Welzel chama de culpabilidade. Concebe-se a culpabilidade como um juízo de censura ou reprovação que, a partir de critérios normativos (valorativos), seria feito pelo julgador sobre a conduta socialmente injusta, finalisticamente dirigida. Para tal juízo de censurabilidade, o julgador guiar-se-ia por três critérios fundamentais: 1) a imputabilidade; 2) a potencial consciência da ilicitude e 3) a exigibilidade de conduta diversa, ou o poder agir de outro modo. Enfim, ao julgador caberia responder a seguinte indagação: o indivíduo que cometera um tipo de conduta socialmente injusto deve ser reprovado pelo seu cometimento? Guiado pelos três critérios de julgamento anteriormente mencionados, e respondendo positivamente a todos, o julgador conclui que o indivíduo que cometera um fato típico e ilícito (o tipo socialmente injusto) deve ser reprovado por tal cometimento e, portanto, realizara um crime, ou seja, um fato típico, ilícito e culpável. É a teoria tripartite do crime de Hans Welzel.
O que se pretende minudenciar aqui é a culpabilidade, especificamente no tange aos seus pressupostos existenciais e o significado do terceiro elemento que serve de baliza para sua aferição: a “exigibilidade de conduta diversa” ou, sinonimamente, o “poder agir de outro modo”. O que vem a ser esta categoria? Qual a sua abrangência? Sobre quais bases ela se constrói?
Segundo Welzel, um dos pressupostos existenciais da culpabilidade (reprovabilidade) é o fato de que o homem, avaliado numa determinada situação concreta, tenha podido agir de outro modo, conforme o ordenamento jurídico. Tal afirmativa remete, necessariamente, ao problema do livre arbítrio, ou seja, de uma livre resolução de vontade. E o próprio Welzel, partindo de uma visão antropológica, afirma:
O homem é um ser responsável, ou, mais precisamente, um ser com disposição à responsabilidade; esse é o critério decisivo, que o separa existencialmente (como homo phänomenon) e não apenas normativamente (como homo noumenon) de todo o mundo animal. Ao homem não é dada biologicamente a ordem de sua existência, como ao animal; esta lhe está confiada responsavelmente como missão, como um fim vinculante da vida. (WELZEL, 2001, p. 95)
A fundamentação teórica do autor consiste em admitir que o homem, diferentemente dos animais, possui o privilégio de romper com sua vontade, autodeterminando; noutras palavras, é senhor de suas decisões, e a ele está confiada a realização de seu destino.
A culpabilidade, então, é a falta desta livre autodeterminação em um sujeito capaz de autodeterminar. A culpabilidade, destaca WELZEL (2001, p. 101) “não significa livre decisão em favor do mal, mas ficar preso pela coação causal dos impulsos, sendo o sujeito capaz de autodeterminação conforme os fins”. O autor, na análise do problema da liberdade, aponta para uma relação entre o Direito Penal e a Criminologia, ao afirmar, citando Sauer[18], que o delito é “um produto de fatores causais e a suposição e inclusive a indicação da porcentagem com que a vontade livre do autor tenha participado, junto à disposição e ao mundo circundante, da gênese do delito”.
Welzel, partindo de uma base antropológica, afirma que o homem, como ser responsável, tem condições de determinar-se conforme os fins e conduzir a dependência dos impulsos causais; define a culpabilidade como reprovabilidade na medida em que significa a falta de uma decisão conforme a finalidade em um sujeito responsável.
Todavia, Welzel vislumbra um problema em admitir a autodeterminação como um juízo geral, feito abstratamente. Admite a necessidade de aferição empírico-prática desta autodeterminação em relação a um indivíduo colocado numa situação concreta e individual. Para ele, trata-se de um juízo existencial, individual e não geral e abstrato.
Em decorrência disso, Welzel esbarra em um grave problema: aquela aferição empírica da exigibilidade de conduta diversa não é suscetível de percepção, sobretudo por terceiras pessoas, especialmente quando se refere à consciência que cada um tem acerca de sua própria capacidade de autodeterminação. Aqui está o nó inquebrantável, pois, como objetivar criteriosamente aquilo que é, em regra, subjetivo?
Assim o autor compreende que o juízo de reprovabilidade é uma operação de “caráter comunicativo”, ou seja, quando o julgador elabora o seu juízo sobre a conduta de um indivíduo, o faz de modo a reconhecer o outro “como a si mesmo, como um igual, como suscetível de determinação plena de sentido e por isso tão sujeito responsável como aquele que o julga” (WELZEL, p.103).
Mas, é muito importante deixar claro que este raciocínio de Welzel teve por objetivo pré-excluir do juízo de culpabilidade os doentes mentais e os menores de idade – estes, para ele, são os não iguais; no mais, todos nos igualamos –. Desta forma, a capacidade de autodeterminação seria aferida a partir de critérios ou padrões sociais que colocavam o julgador e o acusado em patamares de igualdade, seres humanos igualmente livres, apenas excluindo-se previamente os doentes mentais e os menores de idade. O julgador parte de um pressuposto ontológico: julga-se um igual.
Essa noção de capacidade de autodeterminação está, ainda hoje, presente no ordenamento jurídico-penal brasileiro, tendo sido utilizada, como critério obrigatório, para a construção processual do juízo de culpabilidade, na prolação da sentença. O Código Penal Brasileiro, em seus artigos 26[19] e 27[20], consagra exatamente a noção de capacidade de culpabilidade (imputabilidade) desenvolvida por Welzel, ou seja, aquele que possui a livre autodeterminação (excluindo-se os doentes mentais e os menores de idade) é capaz de suportar o juízo de reprovabilidade, de quem se pode exigir um comportamento conforme o ordenamento jurídico. Este é um conceito arbitrariamente dado.
Definido conceito de capacidade de livre autodeterminação (capacidade de culpabilidade ou imputabilidade), tomando-se por pressuposto ontológico o fato de que sempre se julga um igual, passa-se à exigibilidade de conduta diversa (o poder agir de outro modo). Noutras palavras: é possível exigir deste homem igual outro comportamento diferente daquele praticado por ele?
A exigibilidade de conduta diversa (o poder agir de outro modo) define-se quando o agente, em uma dada situação concreta, podia tomar uma decisão diferente daquela que ele acabou tomando. Como se pode ver, não se trata de capacidade geral de decisão, como se dá na idéia ontológica de imputabilidade (capacidade de ser culpável), mas se trata da possibilidade concreta de o agente, capaz de livre autodeterminação, tomar uma decisão diversa daquela que, efetivamente, tomara. Welzel destaca que há situações excepcionais, legalmente previstas, em que não é possível tal exigibilidade, mas sentencia: “o Direito deve limitar bastante, sem dúvida, essas situações, no interesse da vigência de suas normas” (WELZEL, p. 138).
Enfim, o que merece um olhar crítico é o fato de que tanto a capacidade de livre autodeterminação, quanto a exigibilidade de conduta diversa são categorias arbitrariamente fixadas a partir de padrões socialmente dominantes. A inconsistência da exigibilidade de conduta diversa (poder agir de outro modo) se dá, como ressalta SANTOS (2000, p. 210), na medida em que a capacidade de livre decisão assume como verdade a hipótese indemonstrável da liberdade vontade. Tal indemonstrabilidade existe a partir do momento em que, em nenhum julgamento, é possível retroceder no tempo, repetindo-se o evento criminoso, para avaliar a possibilidade real do agir de outro modo; também não se volta no tempo para perguntar ao criminoso se havia ou não, do seu próprio ponto de vista (sua percepção da realidade) a possibilidade de agir de outro modo; por outro lado, do ponto de vista abstrato, esse poder agir de outro modo é sempre atribuído a outras pessoas no lugar do autor do fato (uma pessoa imaginária – um homem correto), cujo perfil é construído a partir de padrões socialmente dominantes e previamente fixados. Enfim, o poder agir de outro modo é algo dado, arbitrado por uma ordem institucionalizada.
4- CONCLUSÃO:
As categorias ontológicas da “livre autodeterminação” e da “exigibilidade de conduta diversa” construídas por Welzel são elementos institucionalmente admitidos hoje e que servem para desenhar, com reforço, o estereótipo do desviante. Este estereótipo constrói-se partir do seguinte raciocínio: todos são iguais, portanto, livres para fazerem suas próprias escolhas, balizando-as ou não conforme as regras fixadas no ordenamento jurídico; aqueles que, não sendo doentes mentais ou menores de idade, infringem tais regras, são desviantes e merecem o juízo de reprovabilidade.
A figura do desviante é cada vez mais reforçada a partir daquelas duas categorias (livre autodeterminação e exigibilidade de conduta diversa) forjadas a partir de padrões socialmente fixados. Os julgadores que, em regra, são recrutados de camadas sociais mais favorecidas economicamente, fazem um juízo de censura a partir de um padrão de homem correto, com o qual eles, julgadores, se identificam moral e socialmente.
Pretendeu-se mostrar aqui que o conceito de culpabilidade elaborado por Hans Welzel – juízo de censura cujos substratos fundamentais são a livre autodeterminação e a exigibilidade de conduta diversa – não é um conceito despretensioso, mas reforça a figura do desviante nos moldes trabalhados por Howard S. Becker.
REFERÊNCIAS BIBLIOGRÁFICAS:
BECKER, Howard S. Outsiders: estudos de sociologia do desvio. Tradução de Maria Luiza X. de Borges. Revisão técnica Karina Kuschnir. 1ª ed. – Rio de Janeiro: Jorge Zahar Ed., 2008.
__________________. Uma Teoria da Ação Coletiva. Tradução de Márcia Bandeira de Mello Leite Nunes. Revisão técnica de Gilberto Velho – Rio de Janeiro: Zahar Editores, 1977.
BRASIL, Código Penal Brasileiro. 8ª ed. – São Paulo: Saraiva, 2012.
BRUNO, Aníbal. Direito Penal, Parte Geral, Tomo I: introdução, norma penal e fato punível – Rio de Janeiro: Forense, 2003.
MERTON, Robert K. Sociologia: Teoria e Estrutura. Tradução de Miguel Maillet – São Paulo: Editora Mestre Jou, 1970, p. 191-234.
SANTOS, Juarez Cirino. A moderna teoria do fato punível – Rio de Janeiro: Freitas Bastos, 2000.
TRAUB, Stuart H. & LITTLE Craig B. Theories of deviance. 4ª ed. – Illinois, F. E. Peacock Publishers, 1994.
WELZEL, Hans. O novo sistema jurídico-penal: uma introdução à doutrina da ação finalista. Tradução de Luiz Regis Prado – São Paulo: Editora Revista dos Tribunais, 2001.
[1] Howard Saul Becker (1928), sociólogo americano, um dos principais expoentes da Escola de Chicago (EUA).
[2] Hans Welzel (1904-1977), jurista e filósofo do Direito Alemão.
[3] Cesare Lombroso (1836 – 1909), médico italiano, adepto, no campo da Criminologia, da Escola Positiva.
[4] Enrico Ferri (1856 – 1929), criminólogo italiano, da Escola Positiva.
[5] Rafael Garofalo (1851 – 1934), criminólogo italiano, da Escola Positiva.
[6] Ghetto: parte da cidade ocupada por grupos marginalizados por questões sociais, econômicas, raciais.
[7] Observação Participante: método de pesquisa científica em que o pesquisador precisa “estar lá” no local pesquisado, vivenciando-o cotidianamente.
[8] Willian Isaac Thomas (1863-1947), sociólogo americano.
[9] Florian Znaniecki (1882-1958), sociólogo polonês, mas ministrou estudos nos Estados Unidos.
[10] Robert Park (1864-1944), sociólogo americano. Atuou como jornalista nos Estados Unidos.
[11] Ernest Watson Burgess (1886 –1966), sociólogo americano.
[12] Edwin Sutherland (1883-1950), sociólogo americano.
[13] Robert King Merton (1910-2003), sociólogo americano.
[14] Erving Goffman (1922-1982), cientista social canadense.
[15] A expressão Lei é empregada aqui no sentido lato sensu, como Constituição, Conjunto de normas regente.
[16] Franz Von Liszt: (1851-1919), jurista e criminólogo alemão.
[17] Ernst Ludwig Von Beling (1866-1932), jurista alemão.
[18] John Francis William Sauer (1879-1962), jurista e criminólogo alemão.
[19] “Art. 26. É isento de pena o agente que, por doença mental ou desenvolvimento mental incompleto ou retardado, era, ao tempo da ação ou da omissão, inteiramente incapaz de entender o caráter ilícito do fato ou de determinar-se de acordo com esse entendimento.”
[20] “Art. 27. Os menores de 18 (dezoito) anos são plenamente inimputáveis, ficando sujeitos às normas estabelecidas na legislação especial.”